Opinión de Israel Díaz Arriaga
Un Pilar en Crisis
La educación pública en México ha sido históricamente el principal vehículo de movilidad social y desarrollo nacional. Sin embargo, su estado actual refleja un sistema que, pese a su alcance masivo (atendiendo a más de 25 millones de estudiantes de educación básica, según datos del INEGI 2023), enfrenta desafíos estructurales que limitan su potencial transformador. Mientras países como Corea del Sur o Finlandia invierten más del 6% de su PIB en educación, México apenas destina el 3.3% (OCDE, 2022) una cifra insuficiente para un país en donde el 42.6% de la población vive en pobreza (CONEVAL, 2022) y que aspira a mejores condiciones de vida en todo orden de ideas.
El papel histórico de la educación pública y su declive
Desde la gestión vasconcelista hasta la expansión de las universidades públicas, la educación en México fue concebida como un derecho y un instrumento de igualdad; hoy sin embargo, el sistema reproduce desigualdades:
Calidad dispar. Solo el 45% de los estudiantes de secundaria alcanzan el nivel satisfactorio en matemáticas (PLANEA, 2022).
Deserción alarmante. Cerca de 600 mil jóvenes abandonan la educación media superior anualmente, principalmente por razones económicas (INEE, 2021).
Infraestructura precaria. El 30% de las escuelas públicas carece de acceso a agua potable, y el 20% no tiene baños funcionales (Censo de Escuelas, 2023).
Los Desafíos: Más Allá del Presupuesto
1.Política educativa errática. Los constantes cambios de modelo (de la Reforma Educativa de 2013 a la “Nueva Escuela Mexicana”) han generado incertidumbre pedagógica y también laboral.
2. Formación docente. Aunque el 92% de los maestros tiene plaza definitiva, solo el 35% recibió capacitación especializada en los últimos tres años (SEP, 2023).
3. Brecha digital. Tras la pandemia, el 60% de los estudiantes en zonas rurales no tuvo acceso continuo a internet (UNICEF,2021).
El panorama actual de la educación pública nacional
El discurso oficial ha priorizado la cobertura sobre la calidad. Ejemplo claro es el programa “La Escuela es Nuestra”, que si bien ha mejorado infraestructura en 50 mil planteles, no incluye mecanismos de evaluación de aprendizajes. Además, la politización del sistema con sindicatos como la CNTE ejerciendo presión más allá de lo pedagógico ha frenado innovaciones urgentes.
Hacia Dónde Transitar: Ejes para un Cambio Eficaz
- Inversión con sentido: Elevar el PIB, vinculado a resultados medibles en reducción de rezago y mejora en pruebas estandarizadas.
- Autonomía escolar: Permitir que las escuelas gestionen parte de sus recursos, siguiendo modelos exitosos como el de Uruguay.
- Revalorización docente: Crear una carrera magisterial basada en méritos, con salarios competitivos y capacitación continua en habilidades del siglo XXI.
- Tecnología inclusiva: Implementar una red nacional de educación digital con dispositivos y acceso a internet gratuitos, contenidos locales para zonas marginadas.
Para concluir
La educación pública mexicana puede seguir siendo un lastre que perpetúe la desigualdad o convertirse en el motor que reactive la movilidad social. Para lo segundo, se requiere un pacto social que trascienda gobiernos: priorizar la calidad sobre la retórica, la evaluación sobre la simulación. El futuro de México no se juega en las urnas, sino en las aulas.
Las opiniones expresadas son estrictamente personales y no representan necesariamente la postura editorial del medio de comunicación.



