La salida intempestiva de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de Pablo Gómez y su designación como titular de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral, pareciera todo, menos un reconocimiento por su extraordinario papel en la prevención y combate a los delitos de operaciones con recursos de procedencia ilícita —comúnmente conocido como lavado de dinero— y de financiamiento al terrorismo.
El anuncio de su nuevo encargo hecho sin ningún protocolo oficial, parece más una salida forzada o castigo, tras el escándalo de “Vector” Casa de Bolsa y su propietario Alfonso Romo exjefe de la Oficina de la Presidencia, quienes fueron acusados por Estados Unidos de facilitar transacciones financieras ilícitas, incluyendo el pago de sobornos al Cártel de Sinaloa.
O fue por presiones de su mentor político, el expresidente de la República, o por su amistad con el mismo Romo Garza, pero no hay otra explicación sobre cómo Gómez Álvarez, no vio las transacciones del empresario regiomontano. Cualquiera que fuese el caso, finalmente para el actual gobierno mantenerlo en la UIF entrañaría nuevos riesgos.
Riesgos que la 4T ya no puede correr y menos en estos tiempos, cuando Estados Unidos sigue a diario y con lupa, las actividades del gobierno de México y un día sí y el otro también amenaza con nuevos aranceles, exige mayor cooperación en el combate al crimen organizado.
Pablo Gómez Álvarez, el luchador social y protagonista del movimiento estudiantil de 1968, tenía que dejar el cargo, al que llegó por otro escándalo. El de Santiago Nieto Castillo, cuando se casó con todos los lujos y en tiempos de la “Austeridad Republicana” con la consejera del INE, Carla Humphrey, lo que tampoco le fue perdonado.
Después de la mancha política y financiera que ya dejó a la 4T, de Alfonso Romo Garza no se sabe nada. Muchos suponen que ayudado y protegido por el mismo sistema huyó del país con lo poco bueno que como mexicano le quedó.
El recuerdo de haber representado a México en saltos de ecuestres en los Juegos Olímpicos de 1996 y 2000, pero también la mancha de la contradicción y el cinismo político de haber sido llamado primero “Empresario Corrupto”, hace ya varios años por el mismo López Obrador en la página 33 del libro “Fobaproa Expediente Abierto”.
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