La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos comenzó a implementar herramientas de nuevas tecnologías de inteligencia artificial y reconocimiento biométrico para reforzar sus sistemas de seguridad y control en aeropuertos y puntos de entrada internacionales.
Diversos expertos han advertido sobre su impacto ético, legal y social por el uso de estas herramientas tecnológicas, aunque sean herramienta tecnológicas de seguridad, pues aseguran que es un uso excesivo de datos personales y datos personales sensibles.
A partir del 2024, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) desplegó sistemas avanzados de reconocimiento facial en más de 40 aeropuertos estadounidenses como parte de su programa Biometric Entry-Exit.
Los nuevos sistemas escanean el rostro de cada persona que tenga un vuelo internacional, el programa lo analiza y lo compara con una base de datos de imágenes previamente registradas por agencias federales como el Departamento de Estado, USCIS y el FBI.
El objetivo de este sistema y de esta acción de la Oficina de Aduanas es verificar la identidad de los viajeros con mayor rapidez y precisión, con el fin de detectar documentos falsos y combatir el fraude de identidad.
Sin embargo, de acuerdo con informes como el del Georgetown Law’s Center on Privacy & Technology señalan que la CBP no ha demostrado de forma concluyente la eficacia de este sistema en mejorar la seguridad nacional ni ha clarificado los protocolos de resguardo de los datos recolectados, asimismo, el uso excesivo de datos personales requiere una mayor protección para su resguardo y el tratamiento de los mismos.
También, estas acciones conlleva un riesgo a la discriminación, invasión a la privacidad y el programa puede generar sesgos raciales y de género presentes en los algoritmos de reconocimiento facial.
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