Virginia Ferrer
Hay noches en la ciudad que simplemente piden desahogarse… y Canta Corazón es ese rincón donde hacerlo tiene permiso. No importa si llegas con el corazón roto, con tus amigas de toda la vida o después de cerrar un deal importante: aquí se canta, se brinda y se siente.
En este lugar, cada voz —desafinada o no— encuentra eco en un coro de desconocidos que por unas horas se convierten en cómplices de emociones compartidas.
Inspirado en las cantinas mexicanas, la cultura popular, y en el mítico Alejandro Fernández. Canta Corazón es un lugar donde la música, la pasión y la vida se encuentran en armonía. Es una oda al amor y al desamor.
El espacio mezcla el alma del mariachi con el ritmo de la ciudad moderna: mezcal reposado, tequila artesanal, antojitos reinventados y, claro, un toro mecánico que reta a los más valientes.
Pero si de “happenings” hablamos, hay uno que nadie se quiere perder: La Trompeta del Amanecer. A medianoche, las luces se apagan, un mariachi contemporáneo toma el escenario y sopla las primeras notas de “El Sol No Regresa”. Es imposible no sentir un escalofrío cuando toda la cantina se levanta para cantar.
En cada rincón hay una historia lista para contarse: jóvenes que buscan conexión, adultos que reviven sus días dorados y mayores que recuerdan bailes de juventud. Aquí no hay generaciones, hay emociones. Todos caben en este refugio donde la música es el idioma común.
Y es que Canta Corazón no es solo un bar; es un estado de ánimo. Es ese recordatorio de que la vida se canta, incluso cuando duele. Que siempre habrá una canción, un trago y una mirada cómplice para acompañarte hasta el amanecer. Porque en este lugar, todos —sin excepción— cantamos lo que callamos.
Las fotos son: Cortesía Canta Corazón











