En la actualidad, la sostenibilidad dejó de ser un gesto corporativo para convertirse en un salvavidas económico para la industria manufacturera, pues en medio de la inflación, los altos costos energéticos y las disrupciones en las cadenas de suministro, las empresas han descubierto que ser “verdes” no sólo es una obligación ambiental, sino una estrategia clave para sobrevivir y mantenerse competitivas.
Así lo revela la décima edición del reporte Estado de la Manufactura Inteligente, elaborado por Rockwell Automation, que encuestó a más de 1,500 tomadores de decisiones en 17 países líderes en fabricación.
El estudio concluye que las fábricas adoptan prácticas sostenibles principalmente por rentabilidad: el 55% de los fabricantes afirma que su principal motivación es mejorar la eficiencia operativa y reducir costos, desmontando el mito de que estas acciones responden únicamente a la presión regulatoria o a la reputación pública. La lógica financiera es clara: menos desperdicio de energía, menor generación de residuos y un uso más eficiente de las materias primas se traducen en ahorros directos.
Para Blake Moret, presidente y director ejecutivo de Rockwell Automation, la innovación tecnológica permite a las empresas disminuir emisiones, optimizar procesos y elevar la productividad sin sacrificar el rendimiento, consolidando la sostenibilidad como un eje estratégico del negocio.
No obstante, el entusiasmo convive con una brecha importante. Aunque el 98% de los fabricantes asegura contar con políticas ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), sólo el 48% las ha implementado formalmente en toda su organización. Esto evidencia que la intención es casi universal, pero muchas compañías aún carecen de estructuras sólidas para medir y gestionar su impacto ambiental de manera efectiva.
La tecnología se perfila como el gran motor de esta transformación ya que, el 95% de los fabricantes ya invierte o planea invertir en Inteligencia Artificial y en aprendizaje automático para optimizar el consumo energético y prevenir desperdicios.
Herramientas como los “gemelos digitales”, cuyo uso creció del 21% al 37% en un año, permiten simular procesos sin gastar materiales reales que, lejos de provocar desempleo, esta revolución tecnológica podría fortalecer el mercado laboral pues el 94% de las empresas prevé mantener o aumentar su plantilla.
La lección es contundente: en la manufactura del futuro, la ecología y la rentabilidad no compiten; avanzan juntas como la base de un negocio resiliente y con crecimiento a largo plazo.




