Victoria Ferrer
Hay tradiciones que comienzan con un sabor y terminan convirtiéndose en una forma de sentirse cerca de casa. Eso sucede con los mooncakes, esos pequeños pastelillos que son protagonistas del emblemático Festival de Medio Otoño y que, más allá de su elaboración, representan uno de los momentos más entrañables para las familias chinas.

Para honrar esta tradición, el chef Luis Chiu, propietario del restaurante Asian Bay compartió una historia que trasciende generaciones durante una celebración que incluyó té, gastronomía y un workshop para aprender a preparar los famosos mooncakes.
El Festival de la Luna es la segunda celebración más importante de la cultura china, después del Año Nuevo chino, y se conmemora el decimoquinto día del octavo mes del calendario lunar. Como la fecha cambia cada año, también es una celebración que invita a hacer una pausa para reencontrarse con la familia y compartir buenos deseos antes de que llegue el siguiente gran encuentro familiar, durante el Año Nuevo.
Para el chef Luis Chiu, uno de los aspectos más bonitos de esta festividad es la manera en que la luna se convierte en un punto de encuentro. Aunque los integrantes de una familia se encuentren en diferentes lugares, todos pueden mirar el mismo cielo y contemplar la misma luna. La tradición invita así a pensar en los seres queridos y recordar que la distancia no necesariamente impide sentirse unidos.

Esta celebración tiene además una historia de amor y mitología detrás. La leyenda cuenta que Hou Yi, un extraordinario arquero, recibió como recompensa una píldora de la inmortalidad. Cuando uno de sus aprendices intentó robársela, Chang’e, su esposa, decidió tomarla para protegerla. La joven comenzó entonces a flotar hasta llegar a la Luna, donde se convirtió en su diosa. Hou Yi, al no poder estar junto a ella, comenzó a rendirle tributo con frutas y pastelillos, dando origen a una de las tradiciones que acompañan el Festival de Medio Otoño.
En Asia Bay, esta historia se convirtió en una experiencia para compartir. Los festejos comenzaron el 24 de septiembre con una ceremonia de té y una cata de moon cakes; al día siguiente, el Festival de la Luna incluyó una reinterpretación teatral de la leyenda de Chang’e y Hou Yi. Finalmente, el pasado sábado, el encuentro llegó hasta la cocina con un workshop en el que los asistentes pudieron conocer de cerca la elaboración de estos tradicionales pastelillos.
Entre aromas, sabores y relatos que han pasado de generación en generación, los mooncakes demostraron que la gastronomía también puede ser una manera de contar historias. Y quizá esa sea la parte más bonita de esta tradición: preparar algo con las propias manos, compartirlo con quienes queremos y, al final del día, mirar hacia arriba para recordar que, estemos donde estemos, todos podemos encontrarnos bajo la misma luna.




