Lo que la boca dice y el cuerpo pone en duda
Por Ricardo Rodríguez*

“Lo escucho”, dice el funcionario mientras revisa su teléfono.
“Estamos con ustedes”, asegura el directivo con tono impaciente. “Me da mucho gusto”, responde alguien sin levantar la mirada… El audio no checa con el video, ¿correcto?
Las palabras ofrecen cercanía. El lenguaje no verbal genera otra percepción.
Y es que en la comunicación pública, el lenguaje no verbal impacta en la credibilidad. El cuerpo no miente. Podemos preparar un discurso impecable pero descuidar la manera de entregarlo.
Podemos dominar el escenario y hablar durante veinte minutos sin decir nada. Comunicar exige contenido y conciencia de cómo lo expresamos.
Patrones culturales
La comunicación verbal comprende las palabras con las que explicamos, preguntamos o argumentamos. Lo no verbal incorpora gestos, postura y distancia interpersonal.
La voz añade tono, ritmo y pausas. Basta pronunciar “qué bueno que viniste” con distintas entonaciones para pasar, de la bienvenida, al reproche.
El antropólogo Ray Birdwhistell, fundador de la kinésica, estudió el movimiento corporal como comunicación.
En Kinesics and Context planteó que los gestos forman patrones culturales que adquieren sentido dentro de una situación social. Su aportación obliga a mirar más allá del individuo porque también aprendemos a comunicarnos (con el cuerpo) en la comunidad donde crecemos.
Birdwhistell estimaba que entre 65 y 70% de la información de una interacción conversacional se transmitía mediante la comunicación cinética, en tanto que el multicitado Albert Mehrabian apunta que solo el 7% de la comunicación es verbal.
En otro gran libro, El lenguaje del cuerpo, Allan y Barbara Pease, proponen tres criterios para interpretar el lenguaje no verbal que va desde observar el conjunto de gestos, buscar congruencia y considerar el contexto.
En las sesiones de capacitación comparto justamente eso, que todos tenemos un lenguaje “base” porque simplistamente se dice: si se toca la nariz, miente, dirán algunos pero ¿si tiene una alergia? Si se rasca, está nervioso ¿y si tiene alguna dermatitis? Si se cruza de brazos, no quiere hablar, pero si es una persona con poca tolerancia al frío?
La lectura de un movimiento aislado puede llevarnos a una conclusión equivocada. Esa prudencia resulta necesaria en tiempos de videos recortados y diagnósticos instantáneos sobre políticos o celebridades. Un fragmento puede alimentar una sospecha sin explicar lo ocurrido.
En resumen, las palabras importan. Una disculpa exige reconocer qué ocurrió. Una explicación necesita datos comprensibles. Ninguna postura elegante resuelve la evasión, y una sonrisa ensayada difícilmente compensa una respuesta que elude la pregunta.
Un médico puede explicar correctamente un tratamiento y hacer sentir al paciente que sus dudas estorban. Un jefe puede invitar al diálogo y desalentar cada intervención con interrupciones. Un vocero puede declarar empatía y responder como si estuviera librando una batalla contra el entrevistador.
Prepararse implica revisar el mensaje y el trato que ofrecemos a quien escucha. Grabarse permite detectar prisas o gestos que distraen. Escuchar una pregunta completa ayuda a responderla mejor. Una pausa puede dar al otro el espacio que necesita para comprender.
La congruencia debe alcanzar también la conducta después de apagar el micrófono. De poco sirve ensayar cercanía frente a una cámara si, fuera de ella, tratamos a las personas con indiferencia.
Porque decir “usted me importa” toma segundos, pero hacerle sentir que su voz merece atención, exige estar presente. Recuerde, como diría la activista Maya Angelou, “la gente olvidará lo que dijiste , olvidará lo que hiciste, pero nunca olvidará cómo la hiciste sentir”.
*Sobre Ricardo Rodríguez:
Egresado de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Periodista y consultor en comunicación y relaciones públicas con más de 25 años de trayectoria.
Fue director y vicepresidente en agencias locales y trasnacionales.
Es especialista en imagen pública, lenguaje corporal y eficiencia de la comunicación, y fundador de Comunicación+Contenido. @ComContRP



