Veracidad y verisimilitud
Subtextos, por: Armando Enríquez Vázquez

En su ensayo de 1991 La guerra del Golfo no ha tenido lugar, editado por Anagrama, Jean Baudrillard argumenta que la primera guerra del Golfo Pérsico fue una farsa mediática para maquillar una masacre de Estados Unidos y al desplegar todo el aparato del entretenimiento se convertió en la primera guerra televisada al estilo de un espectáculo pay per view o lo que años después sería cualquiera de los pretendidos realities que inundan las pantallas hasta la fecha.
La historia construida en ese momento dejó en claro que su veracidad era irrefutable. En el estilo maniqueo de los estadounidenses quien desde su bondad infinita le dan a los iraquíes su merecido por atentar contra una supuesta estabilidad y paz mundial. El mal gobierno de Saddam Hussein y sus nexos con grupos terroristas, así como su programa nuclear, fueron las mentiras del gobierno estadounidense que dichas ad nauseam se convirtieron en una verdad, hasta que el paso de los años demostró lo contrario; se reveló la alianza del gobierno de Estados Unidos con Saddam Hussein mientras fue fructífera para los estadounidenses, así como la inexistencia del supuesto programa nuclear iraquí.
Treinta y cinco años han pasado, el mundo y la forma de comunicarnos se ha, y nos ha transformado al grado que no nos reconoceríamos desde ese 1991. Nuestras preferencia y hábitos en el consumo de información se han modificado y nos engañamos acerca de nuestro albedrio en el consumo de nuestras decisiones en tanto a lo que consumimos en Internet.
En 1998, se estrenó la película Wag the Dog. La cinta dirigida por Barry Levinson y protagonizada por Robert De Niro y Dustin Hoffman, cuenta la historia de un presidente de Estados Unidos, quien, para salvar su popularidad, después de un escándalo sexual, para poder ganar las elecciones decide contratar a un consultor político quien a su vez contrata a un productor de Hollywood para crear una guerra internacional fake.
Sin inteligencia artificial, sólo con un estudio de música y un foro de televisión con pantalla verde, el productor logra inventar una guerra y crear una narrativa que convence a los electores de la buen alma del presidente. La ficticia guerra logra dar la popularidad necesaria al presidente.
Sí antes eran los directores de programación, junto con los intereses de grupos y gobiernos imponían sus narrativas a la audiencia, hoy de una manera más controlada, automatizada, tal vez más tiránica es el algoritmo que define lo que vemos basado en nuestro historial de consulta y consumo.
A diferencia del elemento humano y su limitante, el algoritmo se encarga de complacer a cualquier usuario; separando y sesgando la información a su favor.
En febrero de este año Israel y su súbdito Estados Unidos decidieron atacar a la República Islámica de Irán, a partir de esta guerra que no se define como tal por el gobierno de Estados Unidos, porque de hacerlo la decisión de Donald Trump se convierte en una violación a la Constitución de esa nación, podemos ver claramente la forma en que funciona el algoritmo para mantenernos malinformados pero satisfechos con su oferta noticiosa.
Una vez desencadenado el conflicto las redes sociales han llenado los huecos que los medios oficiales de Estados Unidos no se han atrevido a llenar. Esto no quiere decir que lo hagan de la mejor, ni de una forma veraz.
La sobreinformación en las redes sociales en las primeras semanas de conflicto, TikTok, YouTube y otras diferentes como Substack nos obligaron a ser cautelosos con los que veíamos y escuchábamos en los medios oficiales.
Juan Ruiz de Alarcón dice: En boca del mentiroso la verdad es sospechosa en su celebre comedia del mismo nombre, En nuestro mundo tecnologizado es que la selección de nuestro algoritmo se vuelve esa certeza de la que siempre debemos dudar. Por eso cada día la verdad es más sospechosa.
Al acceder a nuestras pantallas, teléfonos y tabletas, estamos aprobando un bombardeo de información que nos abruma, que nos puede sorprender y hasta tomar por sorpresa. Pero que además no es necesariamente cierto. Creemos lo que vemos porque algo dice que sí está en la pantalla, aunque sea la de nuestros teléfonos, tiene que ser verdad.
Hoy en el mundo digital; medios establecidos, independientes y civiles satisfacen nuestros gustos particulares. Nuestro historial de consultas alimenta el algoritmo y lo que éste nos presenta. Nuestra constancia al consultar ciertos medios nos condena a la repetición y muchas veces a desinformación.
Presentados por el algoritmo en nuestro scroll y que, al acomodarse a nuestros deseos y afinidades, decidimos creer como ciertos y verdaderos. Vimos morir a Netanyahu y los videos de Inteligencia Artificial que mostraban al criminal israelí con seis dedos fueron por un momento la confirmación de la muerte del asesino Netanyahu, lo que resultó algo falso.
La confianza ciega en lo que ofrece el algoritmo nos hace víctimas de portales, pseudo informadores que sólo cazan y buscan seguidores y likes para monetizar… solo nos convierte en dependientes de la plataforma que nos da la información que más nos satisface. Y nos vuelve voceros de lo falso.
Alguna vez Internet se consideró una alternativa contra los abusos de poder y manipulación de gobiernos acostumbrados a manipular la información con el contubernio de los medios, como ha sucedido durante décadas en México con la dupla PRI-Televisa y después PAN-Televisa.
Hoy Televisa baila al tono que Morena le impone, como otros medios convencidos que deben despedir a sus comunicadores estrella, por cuidar sus concesiones frente al poder. Todos sabemos que en nuestro país los medios están básicamente comprados y silenciados por los diferentes gobiernos estatales y el gobierno federal con dinero, disfrazado muchas veces como inversión publicitaria. Algo que sigue existiendo; los medio que sobrevivían en tiempos del PRI o el PAN sin inversión publicitaria, hoy nadan en la corrupción que criticaban en los medios rivales y de la misma manera no dejan de elogiar al régimen actual. Por eso teníamos Internet.
¿Cómo podemos estar hoy seguros de lo que vemos y oímos, sí el algoritmo es el encargado distribuir la información?
¿Quién es hoy un medio o un periodista veraz y confiable? ¿Cómo podemos estar seguros de estamos informados?
Las embestidas desde el poder intentando silenciar a la prensa se extienden a las plataformas y redes sociales en Internet y nosotros al no exigirnos buscar la veracidad, nos conformamos con la verisimilitud, al aceptar lo que el algoritmo nos da en automático.
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