Detrás de las labores de seguridad y auxilio a la población que realiza el Ejército Mexicano existe una tarea menos visible, pero igualmente estratégica para el país: la conservación ambiental.
En Cuernavaca, Morelos, un terreno de 6.5 hectáreas alberga el Vivero Forestal Militar, un espacio donde miles de plantas crecen diariamente con un objetivo claro: recuperar los bosques y fortalecer la biodiversidad de la entidad. Bajo la dirección del Capitán Primero de Infantería David Parra Valencia, este centro trabaja en coordinación con el gobierno estatal para producir especies forestales destinadas a la reforestación de zonas afectadas por la tala y el deterioro ambiental.
La labor comienza mucho antes de que un árbol llegue al campo. Todo inicia con la selección de semillas certificadas por normas avaladas por la Comisión Nacional Forestal. En el caso de Morelos, una de las especies prioritarias es el pino gregui, reconocido por su capacidad de adaptación a las condiciones de la región.
Las semillas son colocadas en charolas especiales con un sustrato cuidadosamente preparado y permanecen entre cuatro y seis meses bajo supervisión constante hasta alcanzar entre 15 y 30 centímetros de altura, tamaño que facilita su traslado y aumenta sus posibilidades de supervivencia una vez plantadas en las comunidades.
El trabajo técnico minucioso de la producción forestal
Para favorecer el crecimiento de las raíces, el vivero utiliza una mezcla de sustrato integrada por peat moss proveniente de Canadá, además de vermiculita y agrolita, dos minerales de origen volcánico que permiten una adecuada oxigenación y drenaje del agua. El objetivo es evitar la acumulación de humedad que podría provocar enfermedades, plagas o la pudrición de las plantas.
A ello se suman labores permanentes de riego con aspersores o manguera, así como el deshierbe realizado a mano por personal militar. Son mujeres y hombres que cuidan que la maleza no compita por los nutrientes necesarios para el desarrollo de los árboles.
Actualmente, en uno de los módulos del vivero crecen alrededor de 50 mil ejemplares de pino gregui listos para ser trasladados a distintas zonas del estado. Sin embargo, la capacidad total del complejo es mucho mayor.
De acuerdo con la teniente enfermera Natividad Sosa Fernández, adscrita al vivero, la meta anual alcanza 3.5 millones de plantas en contenedores forestales y otras 800 mil en bolsas forestales. Además del pino gregui, se producen especies como pino moctezumae, ayacahuite y cembroides, todas seleccionadas por su compatibilidad con los ecosistemas de Morelos.
Una Red Nacional de Viveros
El vivero forma parte de una red nacional integrada por 32 viveros forestales militares distribuidos estratégicamente en diversas regiones del país. Cada uno produce especies adaptadas a las condiciones climáticas y ecológicas de su entorno.
Mientras algunos, como los ubicados en Chihuahua, se especializan en especies maderables de clima templado, otros en estados costeros producen variedades propias de ecosistemas tropicales. Esta distribución permite reducir costos logísticos y responder con mayor eficacia a las necesidades de reforestación de cada región.
Para el Capitán Parra Valencia, el trabajo realizado en estos viveros demuestra una faceta poco conocida de las Fuerzas Armadas. Más allá de las tareas de seguridad, explicó, el Ejército participa activamente en la protección de los recursos naturales y en los esfuerzos de reforestación que impulsan los gobiernos estatales y federal.
“Coadyuvamos tanto en la seguridad como en el cuidado del medio ambiente”, resume el mando militar. Cada planta que sale del vivero representa una oportunidad para recuperar bosques, conservar la biodiversidad y garantizar que las futuras generaciones encuentren en pie los ecosistemas que hoy se buscan restaurar.



