Opinión de Antonio Valerio Delgado
Fue la crónica de una muerte anunciada, desde que el presidente estadounidense Donald Trump regresó a la Casa Blanca el 20 de enero de 2025, dispuesto a acabar con las dictaduras, el narcotráfico y el terrorismo.
En ese momento, Trump ya llevaba en el portafolio de pendientes, el borrador que sus asesores le habían redactado como el plan maestro para acabar con el régimen de Nicolas Maduro, quien mediante un fraude electoral se reeligió en el Palacio de Miraflores en julio de 2024.
La Casa Blanca no filtró información, y en septiembre pasado, hizo oficial el plan para derrocar al líder de la llamada Revolución Bolivariana, a pesar del pataleo diplomático y el discurso retador del dictador que un día montado en su ira revolucionaria le dijo al mismísimo Trump: “Venga por mí, aquí lo espero en Miraflores… No se tarde en llegar cobarde” y lo llamó además estúpido e imbécil.
Esa no fue una respuesta de Maduro, ni tampoco una demostración de poder, sino un acto de soberbia, pero, sobre todo, una sentencia de muerte que días después empezó con los ataques de la armada y el ejército estadounidense a navíos venezolanos que transportaban drogas desde el caribe hacia Estados Unidos, como lo documentó la Casa Blanca.
No obstante, Washington aún quiso convencer al tirano y darle la última oportunidad de negociar una salida pacífica, incluyendo el exilio, para no llegar al ataque militar que significó su captura y ponerlo ante la justicia de la corte de Brooklyn, pero la respuesta de Maduro fue la misma: de rechazo total y absoluto.
Ante este escenario Trump ordenó la movilización de las tropas estadounidenses, primero por mar y luego por tierra y aire para cercar Venezuela, y en particular la ciudad de Caracas y empezar con la captura al que ligó con el grupo criminal del Tren de Aragua.
El golpe final ya estaba calculado, pero sin fecha oficial, porque el régimen estadounidense tenía pendientes, los casos Ucrania, Rusia y Nigeria donde el 26 de diciembre ordenó un ataque armado contra lo que llamó “la escoria terrorista” el grupo rebelde Isis del Estado Islámico, que días antes había perpetrado una matanza de cristianos.
Pero el día llegó la madrugada del sábado 3 de enero, cuando mediante una operación militar ejecutada quirúrgicamente, Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, acusados de narcotráfico, terrorismo, lavado de dinero y posesión de armas entre otros delitos graves.
El destino final de ambos fue el tribunal federal del Distrito Sur de Nueva York, una jurisdicción que ha liderado casos de narcotráfico de alto perfil y donde serán procesados y enfrentarán el juicio correspondiente que los llevará seguramente a una prisión de por vida.
Así termina la era del chavismo en Venezuela, la otrora nación rica y poderosa por su petróleo y que tomó por asalto Hugo Chávez cuando llegó a la presidencia por primera vez el 2 de febrero de 1999, tras ganar las elecciones presidenciales de 1998, al haber prometido una “Revolución Bolivariana” que transformaría el país y en medio del descontento social hacia los partidos tradicionales y las políticas neoliberales que habían dominado Venezuela durante décadas.
Sin embargo, el repetido mensaje de justicia social y participación popular en el que creyeron millones de venezolanos, pronto se diluyó y convirtió en pobreza, tragedia, nulo crecimiento económico y marginación, qué a la muerte de Chávez por cáncer en el 2013, retomó el mismo Nicolás Maduro.
Maduro heredó el poder y para perpetuarse, acusó siempre que Washington buscaba apoderarse del petróleo venezolano, además de persecución en su contra y con esa coartada realizó reformas políticas y cambios a la constitución, se apoderó de los órganos electorales, sobornó a partidos de oposición y compró voluntades legislativas.
También persiguió y encarceló a opositores políticos como a Edmundo González, Corina Machado, Premio Nobel de la Paz 2025 y a Juan Guaidó. Todo ello provocó además el éxodo de al menos dos millones de venezolanos que fueron aprehendidos en protestas ciudadanas y amenazados de muerte.
Maduro también se robó las elecciones de julio de 2024, para auto reelegirse pero sin contar un solo voto del proceso electoral que de inmediato fue desconocido y desaprobado por la comunidad internacional, salvo sus pares socialistas y comunistas.
Ante el escándalo mundial, la comunidad internacional reacciono y tanto presidentes como líderes calificaron el hecho como acto de intromisión y violación a la soberanía venezolana y otros la aplaudieron por significar el fin de una dictadura.
Aquí el gobierno de México condenó el ataque y se manifestó por mantener la unidad en América Latina en defensa de las soberanías, basados en leyes internacionales y en la Carta de Naciones Unidas.
El presidente Andrés Manuel López Obrador, incluso salió de su retiro político y calificó el ataque militar a Venezuela como un acto de tiranía del gobierno del presidente Donald Trump y aseguró que ni Simón Bolívar ni Abraham Lincoln, hubieran aprobado una misión como la que realizó el mandatario estadounidense.
La oposición por su parte se manifestó a favor del fin de la dictadura venezolana y aplaudió que por fin Nicolas Maduro sea llevado a rendir cuentas ante la justicia de los Estados Unidos.
El líder del PAN, Jorge Romero, calificó al régimen venezolano como una tiranía y lo ubicó como el resultado de la erosión del Estado de derecho, el fraude electoral y la persecución política.
El líder nacional del PRI Alejandro Moreno Cárdenas, aplaudió la captura del expresidente venezolano y consideró que los hechos constituyen una lección para México y toda la región, porque ningún régimen que pisotea la ley, destruye las instituciones, no respeta la democracia, las libertades y se aferra al poder, es eterno.
Horas después de consumada la captura del hombre que antes de llegar al Palacio de Miraflores, primero fue conductor de autobús y luego sindicalista, el presidente Donald Trump lanzó una declaración que encendió las alertas regionales y colocó a México en el centro del discurso.
En entrevista con la cadena estadounidense Fox News, Trump aseguró que la situación en México está fuera de control y afirmó que los cárteles del narcotráfico gobiernan amplias zonas del país, una acusación que ya había hecho en el pasado, pero que ahora adquiere un nuevo peso tras la ofensiva estadounidense en Venezuela.
“Algo habrá que hacer con México”, dijo… Después de haber dejado entrever acciones futuras en Colombia a la que acusó de estar produciendo drogas además de Cuba y donde los gobiernos presentan violaciones políticas, de los derechos humanos y riesgo para su país por la complicidad con grupos criminales y terroristas.
No obstante, y para dejar más claro el mensaje de Trump, Marco Rubio, el jefe de la diplomacia estadounidense, señaló en la Casa Blanca que el presidente estadounidense no se anda con rodeos y “Cuando el presidente habla, tómenlo en serio”.
También anunció que Washington mantendrá el embargo al petróleo venezolano y bloqueará los envíos de combustible provenientes de Venezuela hacia la isla, una fuente considerada esencial para el funcionamiento de su economía.
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