El deporte de los puños en México vive un momento de luto tras la muerte de Eduardo Lamazón, conocido por generaciones como “Don Lama”, referente indiscutible en la narración y análisis del boxeo. Su voz, ligada a algunas de las noches más memorables del ring, se apagó a los 70 años, dejando una huella profunda en la crónica deportiva.
Con más de cinco décadas de trayectoria, Lamazón elevó la narración del boxeo a un nivel de detalle y sensibilidad pocas veces visto. Su estilo, preciso y apasionado, permitió a la afición comprender cada combate más allá de los golpes, convirtiendo cada round en una lectura táctica del enfrentamiento. De acuerdo con su familia, falleció a causa de un paro cardíaco, tras enfrentar complicaciones derivadas del Parkinson.
Originario de Buenos Aires, Argentina, Lamazón forjó su amor por el boxeo desde muy joven, en escenarios modestos donde incluso trabajaba acomodando sillas para poder presenciar las funciones. Su destino cambió en 1979, cuando José Sulaimán lo invitó a México para integrarse al Consejo Mundial de Boxeo, plataforma desde la cual consolidó una carrera ejemplar.
“Don Lama” será recordado por su emblemática “tarjeta”, herramienta con la que desmenuzaba cada pelea round por round, así como por su estilo inconfundible que lo acercó a la afición. Su apodo, acuñado por Christian Martinoli, y su popular muletilla impulsada por Carlos Aguilar, forman parte del legado cultural que deja en el deporte. Hoy, el boxeo le rinde respeto a una de sus voces más lúcidas, cuyo legado permanecerá como referencia obligada en la historia del periodismo deportivo.



