A los 60 años, el reto de Don Pedro no es solo celebrar su permanencia, sino evitar que su historia la convierta en una marca que las nuevas generaciones reconocen, pero sienten lejana.
La respuesta de Casa Pedro Domecq ha sido renovar su imagen y volver a poner en el centro una costumbre familiar: la sobremesa.

La transformación comenzó en 2017, cuando la compañía retomó el control de marcas históricas de Domecq y se propuso actualizarlas.
En 2025, Don Pedro presentó nuevas etiquetas para sus líneas Clásico y Reserva, junto con la plataforma de comunicación “Pone la sobremesa”.
Este trabajo de rebranding recibió un reconocimiento en los Best Branding Awards México 2026, en la categoría de Rebranding.
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Conocida, pero asociada al pasado
“Muchas de las marcas que conocemos hoy en día tienen menos de 15 o 20 años; estamos trabajando con una que ha convivido con cinco generaciones”, dijo Óscar David Vargas, director de Marketing y Trade Marketing de Casa Pedro Domecq, en entrevista con Nación Digital.
El desafío, explicó, era recuperar la conexión con quienes ya conocían Don Pedro y, al mismo tiempo, presentársela a quienes la están descubriendo por primera vez.
Vargas describió una dificultad común para las marcas con larga trayectoria: pueden permanecer en la memoria, aunque no necesariamente despierten orgullo o cercanía.
En el caso de Don Pedro, la intención fue actualizar su lenguaje visual y su comunicación sin borrar lo que significa para quienes la asociaron con reuniones familiares.
“No es borrón y cuenta nueva”, dijo el directivo, la nostalgia no ha sido un fin; más bien, una consecuencia de actualizar lo que ya existía”.
Según Vargas, alrededor de la mitad de los consumidores de la marca tiene entre 30 y 35 años.
Es una cifra compartida por la propia empresa y apunta a un público adulto; por sí sola, no permite medir qué tan amplia es su llegada a otros grupos de edad.
La renovación busca también distinguir el lugar de Don Pedro dentro del portafolio de Domecq.
Vargas explicó que la marca nació para acompañar momentos de conversación y cercanía, mientras que Presidente se vinculó con otros tipos de celebración.
Para Don Pedro, dijo, la sobremesa funciona como una forma de expresar esa identidad: un rato que se alarga después de comer y en el que la conversación puede tomar su propio curso.

Cambiar la imagen sin cambiar la historia
Actualizar una botella con seis décadas de historia implica cuidar cuánto se mueve. Vargas señaló que cambios demasiado radicales en el empaque pueden hacer que un producto deje de ser reconocible para quienes lo han consumido durante años.
Por eso, la estrategia se concentró en renovar etiquetas y posicionamiento, manteniendo los elementos que la empresa considera centrales en la identidad de la marca.
El cambio de imagen de 2025 se desarrolló junto con la agencia Leo Constellation y fue distinguido en los Best Branding Awards México 2026.
El premio reconoce el trabajo de rebranding; no equivale, por sí mismo, a una medición de ventas ni demuestra cómo ha sido recibido por todos los consumidores.
La renovación tampoco implica, de acuerdo con Vargas, una reformulación del producto.
“El consumidor es el mayor experto”, afirmó al hablar de la importancia de conservar el sabor que las personas identifican con la marca.
La edición especial por los 60 años acompaña esta etapa, pero la apuesta de fondo está en cómo contar la historia de Don Pedro hoy.
¿Qué lugar ocupa el brandy en México?
El brandy forma parte de la historia de las bebidas que han estado presentes en cantinas y reuniones familiares mexicanas.
Su lugar se ha construido alrededor de una tradición distinta a la de los destilados de agave, como el tequila y el mezcal: el brandy se obtiene a partir de vinos de uva que se destilan y maduran en madera.
La normativa mexicana establece especificaciones para esta bebida, incluido un periodo mínimo de maduración en barrica para el brandy elaborado con 100% de uva.
Durante la presentación del aniversario, Axel Pimentel, embajador de Casa Pedro Domecq, explicó el proceso de elaboración descrito para el producto: el jugo de uva se fermenta para obtener vino; después se destila y el aguardiente madura en barrica.
En la cata, Pimentel señaló que el contacto con la madera aporta color y notas características. Su explicación permite entender por qué el brandy tiene un perfil y una historia distintos a los de otras categorías que hoy ocupan un lugar visible en la conversación sobre destilados.

Ese contraste también marca el reto de la marca: conservar un espacio propio en un mercado donde conviven bebidas con historias, ingredientes y formas de consumo diferentes.
Vargas no presentó la renovación como un borrón de lo anterior, sino como un intento de volver legible esa historia para públicos que quizá no crecieron viendo una botella de Don Pedro en la mesa.
A seis décadas de su llegada al mercado, la pregunta para Don Pedro es si su nueva imagen y el relato de la sobremesa bastarán para sostener esa conversación.
El aniversario ofrece la ocasión para plantearla; la respuesta dependerá de cómo la reciban sus consumidores adultos, antiguos y nuevos.
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