Fabiola G. Ayala
Cada 9 de agosto, en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas del Mundo, se recuerda la enorme riqueza cultural de los pueblos originarios, guardianes de la identidad mexicana.
Su voz, sus tradiciones y su visión del mundo no solo viven en las comunidades, también laten en instituciones como el Ejército, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional.
De los más de 272 mil efectivos que integran estas fuerzas, 12 mil 367, equivalentes al 4.5 por ciento, nacieron en pueblos indígenas. Son hombres y mujeres que además de portar uniforme, llevan consigo las lenguas y saberes de sus comunidades: náhuatl, tzeltal, wirrarika, totonaco, triqui, mixteco, amuzgo y muchas más.
Cada palabra en su lengua materna es un puente entre su herencia ancestral y su compromiso con México.
Ellos son ejemplo de orgullo y resiliencia. Karen Lizeth Martínez Campos, soldado de la Guardia Nacional que habla náhuatl; Guillermo López Santis, tzeltal; o Amado Carrillo Montoya, wirrarika, representan a miles de militares que demuestran que servir a la patria y honrar sus raíces es posible. Sus historias hacen visibles las voces que por siglos fueron marginadas, pero que hoy fortalecen a las instituciones del país.
Más allá de las cifras, la presencia indígena en las Fuerzas Armadas refleja igualdad y respeto. La Constitución garantiza que ninguna persona puede ser discriminada por su origen, y estos soldados lo confirman con su trabajo diario, recordando que México es más fuerte cuando reconoce y abraza su diversidad.
En cada marcha, en cada misión y en cada servicio a la sociedad, se escucha también el eco de sus pueblos. Son los hijos e hijas de comunidades que, sin olvidar sus raíces, contribuyen a un país más justo e inclusivo. Porque en sus palabras, en su esfuerzo y en su uniforme, México se reconoce y se enorgullece.









