Opinión de Antonio Valerio Delgado
La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, cumplió un año en el poder ejecutivo federal, al que llegó el año pasado, sin dudas ni regateos y con mucha legitimidad
La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, cumplió un año en el poder ejecutivo federal, al que llegó el año pasado, sin dudas ni regateos y con mucha legitimidad, la misma que la ubicó de inmediato en la historia de México, al ser la primera mujer que ocupa dicho cargo.
Sin embargo, a un año de distancia ella misma jamás imaginó, que, en el primer tramo de su mandato, iba a afrontar las terribles acusaciones en contra de su antecesor y mentor político Andrés Manuel López Obrador.
Tampoco supuso que tendría que invertir una gran parte de sus conferencias mañaneras y sus discursos, para salir en defensa de su mentor político, quien una vez que dejó Palacio Nacional y se fue a “La Chingada”, (su rancho de Palenque Chiapas), le empezaron a llover acusaciones sobre escándalos de corrupción, nepotismo, amiguismo, influyentismo e impunidad.
Para la mandataria, la herencia presidencial ha sido la constante de su gobierno, que ha servido como caldo de cultivo para los enemigos de la 4T, que con presuntas evidencias y argumentos, han calificado al movimiento de la Cuarta Transformación como la tragedia política más terrible del México moderno. Para la oposición el gobierno actual se dedicó en un año a defender lo indefendible.
Si bien es cierto que las encuestas ciudadanas que evalúan su gobierno han arrojado para la presidenta Sheinbaum números de aprobación elevados, su administración navega también en medio de los escándalos protagonizados por gobernadores estatales, miembros del gabinete y hasta militares.
Los hombres y mujeres no preparados políticamente pero que fueron premiados por lealtad y sumisión, y en poco tiempo traicionaron los principios “Cuatroteístas” y se convirtieron en el blanco perfecto para el golpeteo anti gobierno, mientras Estados Unidos los mantiene en la presunta lista de narco políticos.
En la larga lista se encuentran nombres como: Adán Augusto López Hernández, Ricardo Monreal, Manuel Bartlett, Gerardo Fernández Noroña, Mario Delgado, Américo Villarreal, Alfredo Ramírez Bedolla, Miguel Ángel Navarro, y Rubén Rocha Moya, entre muchos otros,
Todos ellos ahí van por la vida: “Pateando el Bote”, traicionando a su partido, haciendo negocios sucios, beneficiándose de la defensa presidencial desde el púlpito de la mañanera, y haciendo como que legislan y gobiernan. Pero sobre todo esperando que el gobierno de Estados Unidos claudique en su intento y exigencia para que el gobierno de México le entregue a los narco-políticos a cambio de un perdón arancelario.
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