¿Qué tienen en común un ceviche de verdillo, una cooperativa pesquera de Baja California Sur, un cultivo de algas y una reserva natural marina?
La respuesta quedó clara durante un encuentro organizado con motivo del Día Mundial de los Océanos, celebrado en junio en la Quinta Colorada del Bosque de Chapultepec, donde expertos en pesca sostenible, conservación marina y gastronomía explicaron que el futuro de los mares mexicanos depende de una cadena en la que desde pescadores y científicos hasta chefs y consumidores participamos.

Punta Abreojos: cuando los pescadores deciden cuidar el mar
Uno de los casos más inspiradores fue el de la Sociedad Cooperativa Punta Abreojos, ubicada dentro de la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno, en Baja California Sur.
Su historia demuestra que la sostenibilidad no siempre nace de una regulación gubernamental. A veces surge desde las propias comunidades.
Aunque hoy es considerado un ejemplo de pesca sostenible en México, el verdillo, un pez de carne blanca y sabor sutil, estuvo cerca de desaparecer.
Hace una década, esta especie emblemática de Baja California Sur comenzó a resentir los efectos de la sobreexplotación y los cambios en los ecosistemas marinos, poniendo en riesgo no solo al pez, sino también el sustento de comunidades que han dependido de él durante más de 70 años.
La respuesta vino de los propios pescadores. Cooperativas como Punta Abreojos impulsaron un Proyecto de Mejora Pesquera (FIP) para recuperar la especie mediante prácticas responsables, monitoreo y nuevas reglas de manejo.
El resultado es una historia de éxito: la pesquería no solo sobrevivió, sino que hoy florece y se ha convertido en un modelo de conservación que protege la biodiversidad marina, fortalece las economías locales y demuestra que producir alimentos del mar de manera sostenible sí es posible.
Cambios de fondo
Eduardo Enríquez, representante de la cooperativa, explicó que una de las medidas más exitosas fue cambiar voluntariamente sus métodos de captura de verdillo para proteger mejor la especie.
“Fue por iniciativa de los pescadores, no fue por una imposición del gobierno”, destacó el oceanólogo.
Los resultados son evidentes. Mientras hace algunos años la captura rondaba las 200 toneladas, actualmente alcanza cerca de 700 toneladas, pero con una visión diferente: obtener un mejor precio sin comprometer el recurso.
Su lema resume perfectamente esta filosofía: “Comunidades más ricas por naturaleza”.
La cooperativa también implementa sistemas de cadena fría, monitoreo de temperatura y procesos de trazabilidad que permiten conocer el recorrido del producto desde el mar hasta el consumidor.

¿Qué es la trazabilidad y por qué debería importarte?
La palabra puede sonar técnica, pero en realidad tiene mucho que ver con lo que llega a tu plato.
Durante la conversación, la chef Lula Martín del Campo explicó que la trazabilidad permite conocer “cómo, cuándo y dónde se pescó” un producto, es decir, qué especie es realmente, en qué zona fue capturada, qué arte de pesca se utilizó, si se respetaron las vedas, cómo fue transportada y conservada.
La chef, quien lidera como presidenta el Colectivo de mujeres #Pescaconfuturo de Come Pesca, promoviendo el consumo responsable de las especies marinas nacionales, recordó que una gastronomía verdaderamente sostenible debe cumplir tres principios fundamentales:
“Respeto al planeta, responsabilidad social y comercio justo”.
Gracias a la trazabilidad, el consumidor puede saber si el pescado que compra proviene de una pesquería responsable o si forma parte de prácticas que ponen en riesgo los ecosistemas marinos.

Foto: Nación Digital.
El problema que no vemos detrás de un filete de pescado
Uno de los mensajes más poderosos del encuentro fue que muchas veces disfrutamos un platillo sin pensar en todo el trabajo que existe detrás.
La representante de Pesca con Futuro, Aline Molina, lanzó una reflexión que hizo eco entre los asistentes:
“Los desafiaría a pensar si saben de dónde viene la carne que comieron ayer, quién cuidó al animal o cuándo fue procesado. En la pesca es fundamental conocer esa información”.
Detrás de cada pescado existe una compleja cadena de esfuerzo humano: jornadas que comienzan a las cuatro de la mañana, largas horas en el mar, procesos de conservación, transporte y monitoreo de calidad.
Y cuando el consumidor elige productos provenientes de pesquerías responsables, ayuda a que esas buenas prácticas sigan creciendo.
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Algas que regeneran el océano
La conversación también abordó una solución poco conocida pero prometedora para el futuro de los océanos: el cultivo regenerativo de algas.
Paulina Zanela, de Regenerative Ocean Project, explicó que estos organismos funcionan como auténticas aliadas de la naturaleza.
“Las algas son plantas superpoderosas”, señaló.
Además de producir gran parte del oxígeno que respiramos, ayudan a reducir la acidificación del océano, sirven como refugio para numerosas especies y contribuyen a recuperar ecosistemas degradados.
Pero el proyecto también tiene una dimensión social.
Ante la disminución de algunas poblaciones pesqueras por la sobreexplotación, el cultivo de algas ofrece una alternativa económica para comunidades costeras.
La idea es simple: generar ingresos mientras se regenera el océano.

Áreas protegidas que benefician a los pescadores
Otro de los participantes, Kim Ley Cooper, de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP), destacó cómo la conservación y la pesca pueden trabajar juntas.
Recordó que muchas comunidades inicialmente ven con desconfianza la creación de áreas protegidas, pero con el tiempo descubren que funcionan como una inversión para el futuro.
Al referirse al modelo de gobernanza de Punta Abreojos, destacó que representa uno de los mejores ejemplos del país.
“La riqueza de la gobernanza colectiva en México” puede observarse en comunidades donde los propios pescadores respetan reglas de captura, tallas mínimas y temporadas de veda para garantizar la permanencia de los recursos.
¿Qué podemos hacer como ciudadanos?
La respuesta que dieron los especialistas fue sorprendentemente sencilla: Preguntar, preguntar qué especie estamos consumiendo, de dónde viene.
Preguntar si es producto nacional. Preguntar si proviene de una pesquería responsable.
Los expertos coincidieron en que el consumidor tiene más poder del que imagina. “Si ustedes no piden producto sostenible, no va a haber producto sostenible”.
Cada compra envía una señal al mercado.
Y cuando más personas eligen productos con origen conocido, capturados de manera responsable y provenientes de comunidades comprometidas con el cuidado de los océanos, se fortalece toda la cadena.
Porque el futuro del mar no depende únicamente de quienes salen a pescar. También depende de quienes se sientan a la mesa.

La conversación formó parte de las actividades del Festival Día Mundial de los Océanos, una iniciativa de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) que busca acercar a la ciudadanía a la riqueza y los desafíos de los ecosistemas marinos de México.
A través de talleres, documentales, experiencias inmersivas, actividades infantiles, gastronomía, arte y encuentros con especialistas, el festival recordó una verdad que suele pasar desapercibida: aunque la Ciudad de México esté a cientos de kilómetros de la costa, su vida cotidiana depende profundamente de la salud de los océanos.
Porque detrás de cada pescado, cada platillo y cada comunidad pesquera hay una cadena de esfuerzos que comienza en el mar y termina en nuestras mesas.
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