Cuando pensamos en el retiro, solemos hacer cuentas: cuánto ahorrar, dónde vivir, qué planes realizar. Pero hay otra pregunta que pocas veces nos hacemos: ¿qué queremos poder seguir haciendo?, ¿cómo nos gustaría movernos, convivir y tomar decisiones?
La pregunta ayuda a entender la idea detrás de Neuro Longevity, un programa nuevo de Clínica Cerebro.

La clínica nació con un enfoque en la evaluación y rehabilitación de personas con afecciones neurológicas; el programa amplía esa conversación a quienes quieren conocer mejor su estado actual y trabajar en su bienestar físico, cognitivo y emocional.
Un traje a la medida
La directora del centro, Alejandra Quintana, explicó durante el recorrido que la clínica combina distintas áreas de atención y tecnologías de rehabilitación.
Patricia Bárcenas Minas, coordinadora de fisioterapeutas, presentó algunos de los equipos que utilizan con pacientes neurológicos y describió cómo se adapta el trabajo a cada persona.
“Cada paciente tiene un objetivo que cumplir en la clínica. No hacemos nada como de a montón, digamos, con recetas”, dijo Bárcenas Minas.
Esa idea de personalizar la atención también está detrás de Neuro Longevity: primero conocer a la persona; después, definir qué puede serle útil.
Quizá te interese leer esto: ¿Todo el mezcal artesanal se hace a mano? Lo que realmente cuenta una botella
Un “plan de retiro cognitivo”
Durante la presentación, el equipo planteó una comparación sencilla: así como algunas personas preparan un plan de retiro económico, también podrían pensar en cómo quieren llegar a esa etapa en términos de autonomía, movimiento y capacidades para la vida cotidiana.
La propuesta es anticiparse y preguntarse desde ahora qué hábitos y apoyos pueden contribuir a conservar esas capacidades.
La salud cerebral no se limita a recordar nombres o fechas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) la describe como el funcionamiento de capacidades cognitivas, sensoriales, socioemocionales, conductuales y motoras a lo largo de la vida.
También señala que influyen factores como la salud física, el aprendizaje, la seguridad, el entorno y las conexiones sociales.
Por eso, el programa reúne distintas áreas, entre ellas neuropsicología, psicología, nutrición, medicina y rehabilitación.
De acuerdo con la clínica, la valoración busca identificar fortalezas y aspectos que podrían requerir atención; luego, los especialistas coordinan objetivos y dan seguimiento.
La primera etapa dura dos meses, aunque la continuidad depende de las necesidades de cada persona.
Qué puede aportar la robótica en rehabilitación
La explicación de Patricia Bárcenas Minas permite entender el trabajo que ya realiza la clínica.
Infinidad de sus pacientes tienen esclerosis múltiple, síndrome de Guillain-Barré, parálisis cerebral, secuelas de un evento cerebrovascular o lesión medular. Una de las áreas que atienden es la marcha.
Bárcenas Minas describió el Lokomat como un equipo con órtesis robóticas, una banda sin fin y un sistema de suspensión parcial del peso corporal.
También explicó que la clínica utiliza un exoesqueleto para acompañar el entrenamiento de la marcha.
La meta cambia según el caso: puede ser trabajar para recuperar la marcha o mantener capacidades físicas y favorecer la calidad de vida.

Para la rehabilitación de brazos y manos, la clínica cuenta con otros dispositivos que usan sensores y retroalimentación visual mediante actividades interactivas.
Según Bárcenas Minas, estas herramientas permiten realizar repeticiones y hacer más atractivos algunos ejercicios. Su uso corresponde a objetivos de rehabilitación definidos para cada paciente.
Es importante distinguir ese trabajo del programa Neuro Longevity. La robótica forma parte de la experiencia de rehabilitación de la clínica; no significa que un equipo por sí solo prevenga enfermedades o garantice cambios cognitivos.
En Neuro Longevity, la clínica propone una valoración más amplia y un plan personalizado.
Sueño, emociones y salud física también cuentan
La memoria y la atención no funcionan en el vacío.
Dormir mal, vivir con ansiedad, dejar de hacer actividades que antes se disfrutaban o atravesar cambios importantes en la rutina son aspectos que pueden afectar el bienestar y que merecen atención, aunque ninguno por sí solo permite establecer un diagnóstico.
La OMS incluye la inactividad física, el aislamiento social, la hipertensión, la diabetes, la depresión, la mala calidad del sueño y la pérdida de audición o visión entre los factores asociados con un mayor riesgo de demencia.
También subraya que la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, y de ahí la importancia de no reducir la conversación a “hacer ejercicios para la memoria”.
Una evaluación puede considerar también cómo se mueve la persona, cómo duerme, cómo se siente y qué condiciones de salud conviene revisar.
Si alguien toma medicamentos, cualquier ajuste debe hablarse con el profesional que los indicó; un programa de bienestar no sustituye ese seguimiento.
Dentro de la clínica, TROOM ofrece un espacio interactivo para ejercitar la atención, la memoria, la concentración, la velocidad de procesamiento y otras funciones cognitivas.
Sus actividades buscan mantener la mente activa y retar al cerebro de manera dinámica; si los olvidos o la dificultad para concentrarse persisten e interfieren con la vida diaria, conviene comentarlo con un profesional de salud.

¿Cuándo conviene pedir orientación?
Un olvido ocasional no significa por sí solo que exista una enfermedad. Conviene poner atención cuando los cambios se repiten y empiezan a interferir con actividades habituales: perderse en un lugar conocido, tener problemas para seguir una conversación, batallar para resolver tareas cotidianas o tomar decisiones.
Estos son algunos de los signos que es recomendable reconocer y comentar con un profesional de salud.
Una valoración puede ayudar a describir cómo están ciertas capacidades y orientar los siguientes pasos, pero una prueba cognitiva aislada no predice el futuro ni equivale por sí sola a un diagnóstico.
Durante la presentación también se habló de detectar cambios con oportunidad. Identificarlos puede ayudar a orientar la atención y a trabajar en la calidad de vida, pero no significa que una intervención vaya a curar o detener una enfermedad neurodegenerativa.
Actualmente no existe una cura para la demencia, aunque hay intervenciones que pueden apoyar el bienestar y la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Empezar por preguntas cotidianas
Cuidar la salud cerebral no exige comenzar con una rutina extraordinaria. Puede empezar por preguntas concretas: ¿me muevo con regularidad?, ¿estoy descansando?, ¿tengo controlados padecimientos como la hipertensión o la diabetes?, ¿sigo haciendo cosas que disfruto?, ¿me siento acompañado?
La OMS recomienda la actividad física, una alimentación equilibrada, el control de la presión arterial, el colesterol y la glucosa, así como mantenerse activo social y cognitivamente.
También explica que los factores de riesgo pueden acumularse durante la vida y tener distinto peso en cada etapa.
Neuro Longevity busca reunir algunas de esas preguntas en una valoración multidisciplinaria y dar seguimiento durante dos meses. La clínica señala que la duración y la frecuencia de las sesiones pueden variar; algunos estudios externos podrían tener un costo adicional.
Pensar en un “retiro cognitivo” no significa prometer que se evitarán las enfermedades ni que todas las capacidades se conservarán intactas.
Es una manera de abrir la conversación antes de que haya una crisis: reconocer cómo estamos, consultar si aparecen cambios persistentes y buscar orientación para cuidar, hasta donde sea posible, la autonomía y las actividades que nos dan bienestar.
Compartir lo que llevamos dentro
Además de ser un espacio dedicado a la rehabilitación, Clínica Cerebro también abre sus puertas al arte: sus paredes se convierten en galería para recibir Trascender, una exposición de 29 obras de artistas de la Asociación de Pintores con la Boca y con el Pie de México.
La muestra celebra su talento y creatividad, y también tiende un puente entre el arte y la rehabilitación, pues parte de lo recaudado por la venta de las obras se destinará a apoyar a pacientes de la clínica que lo necesiten y otra parte corresponderá a los artistas.
Información del programa
Neuro Longevity se ofrece en Clínica Cerebro, ubicada en California 211, colonia Insurgentes San Borja, alcaldía Benito Juárez, Ciudad de México.
El programa inicial dura dos meses y cuesta 35 mil pesos. Incluye valoraciones, terapias y seguimiento de las áreas participantes.
Los estudios externos, suplementos u otros servicios no incluidos se pagan aparte.
No te vayas sin leer esto: Cuando el éxito deja de sentirse suficiente: soltar y empezar de nuevo



