Opinión de Antonio Valerio Delgado
En estos últimos días en medio de un huracán de información que ha estado relacionada con el caso del gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y con tantas notas a favor y en contra del escándalo, circuló en redes sociales un escrito directamente dirigido a los opositores políticos del gobierno, que han criticado la protección oficial al personaje. Por su contenido llama poderosamente la atención.
Cita textualmente: “Las dirigencias nacionales del PRI y el PAN, encabezadas por Alejandro Moreno y Jorge Romero, adoptaron una narrativa que rebasó la crítica interna y se situó en el terreno de la validación externa”.
Y agrega: “Ante la crisis de seguridad en Sinaloa, la oposición renunció a la construcción de un proyecto nacional de seguridad para actuar, en la práctica, como una caja de resonancia de los intereses del Partido Republicano y las agencias de inteligencia de Estados Unidos”.
“La reciente actividad de las cúpulas opositoras ofrece la lectura de una desesperada estrategia de supervivencia política-electoral basada en el respaldo extranjero, cuando pregonan que acudieron a instancias de Washington para presentar denuncias y ofrecer informes sobre la situación del país, el PRI y el PAN escalan el escándalo e internacionalizar el conflicto, levantando la sospecha de que someterá sus candidaturas y alianzas al visto bueno de la administración Trump”. Hasta ahí, la cita del texto.
En el documento se expresa una acusación agresiva y ácida en contra de los dos partidos y sus líderes, quienes efectivamente viajaron al extranjero y ante organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos la (OEA), presentaron pruebas, sobre la alianza del poder ejecutivo estatal con las mafias del crimen organizado y el narcotráfico, lo que trastoca y erosiona las reglas electorales y la voluntad ciudadana, lo mismo que el estado de derecho.
Pero no son traidores a la patria, porque no fueron a pedir allá, como se ha dicho que venga el ejército estadounidense y nos invada militarmente, ni que tome a la nación como una colonia o protectorado, porque ni siquiera sucedió así en Venezuela ni ocurrirá en Cuba.
Fueron a hacer algo que cualquier ciudadano mexicano quisiera hacer, pero no puede porque no tiene los alcances políticos ni económicos para llegar a esas instancias; y porque una denuncia ciudadana, no es tomada en cuenta ni procede. Los representantes políticos tienen otra autoridad y relevancia.
Y mientras la liga ya se estiró demasiado y la paciencia de Donald Trump se acaba cada vez más, ante un escenario presidencial que sigue pidiendo pruebas “Contundentes” contra su ex gobernador y se siguen replicando por todos los rincones guindas, los discursos de soberanía.
Sin embargo, Trump ya volteo los ojos nuevamente a México, una vez que terminó su guerra con Irán y sentenció: “Vamos a hacer el trabajo que ellos no quisieron hacer” en referencia a la solicitud de extradición del personaje. En contraste, aquí ya modificamos el discurso retador venezolano y pasamos del “Vengan por mi Cobardeeeesss” de Nicolás Maduro”, al “Saquen las listas que quieran porque aquí no vamos a doblarnos” de Gerardo Fernández Noroña”.
Finalmente y por si alguien estaba con el pendiente. La investigación que emprendió en días pasados la Secretaría Anticorrupción y de Buen gobierno por el escándalo relacionado con la estancia del hijo del secretario de Economía Marcelo Ebrard en la residencia de la embajada en Londres, Inglaterra, terminó en lo que ya se esperaba:
La titular de la dependencia, Raquel Buenrostro, informó que no es de competencia esa investigación, sino de la Comisión de Personal de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Así o más impunidad.



