Virginia Ferrer
La invasión musical de Bad Bunny llegó a la capital con una noche que mezcló sushi, beats latinos y mucha actitud en un pop-up que Mondrian Mexico City Condesa preparó como preámbulo a la serie de ocho conciertos que el famoso Conejo Malo celebra en la Ciudad de México como parte de su “DeBÍ TIRAR MáS FOToS World Tour”.
El hotel, famoso por su vibra sofisticada y coqueta, abrió sus puertas para recibir —por primera vez fuera de Puerto Rico— a YOKO, el restaurante consentido del Conejo Malo en San Juan.
Desde las 7 PM, la Condesa se transformó en un mini–San Juan urbano: música latina de todos los rincones, mezclada por el DJ Voy al Mar que combinaron perfecto con las coloridas y vibrantes imágenes del back digital que sirvieron de escenario durante la velada.
Entre los pasillos del hotel se paseaban fanáticos, foodies y curiosos, todos atraídos por una promesa irresistible: bocados de cortesía preparados por los chefs de YOKO: José Meléndez y Marielys Hernández YOKO, quienes deleitaron con deliciosos sashimis recién cortados hasta rolls artesanales que parecían salidos de un videoclip.
La fiesta, de puertas abiertas, fue un homenaje a la cultura y al caos delicioso del lifestyle contemporáneo. Cócteles especiales del bar del Mondrian completaron la experiencia, logrando que más de uno brindara anticipando los ocho shows del puertorriqueño.
Claudia Di Gino, Gerente General del hotel, lo resumió con precisión millennial-chic: “Bad Bunny ya no es solo música; es cultura”. Y bajo esa premisa, recibir al restaurante favorito del artista se convirtió en una oportunidad única para celebrar el talento puertorriqueño con la autenticidad que late fuerte en la Condesa. Gastronomía, música y moda urbana convergieron en una noche donde todo parecía fluir con brillo propio.
Sin duda, los chefs José Meléndez y Marielys Hernández -el dúo el dúo culinario detrás de YOKO-, fueron el alma del pop-up. Meléndez, maestro de la fusión peruano-japonesa, llevó a la CDMX sabores que cuentan su historia desde Vieques hasta Lima, mientras Hernández imprimió el sello Nikkei que perfeccionó en Miami.
Juntos dieron vida a un menú que hizo que más de un asistente jurara que esto no podía ser solo una aparición de una noche. Y aunque por ahora lo es, quienes lo vivieron ya tienen un secreto compartido: así se comienza una temporada de conciertos al estilo del Conejo Malo.
Fotos José Luis González




















