Opinión de Antonio Valerio Delgado
Recordemos que el pasado 7 de marzo, el Consejo Nacional de Morena en su Séptima Sesión Ordinaria, dio el banderazo de salida a su proyecto político electoral del 2027 y el anuncio se convirtió de paso en su mismo desafío para la continuidad de la llamada Cuarta Transformación. La pavimentación del segundo piso de la 4-T, como le llaman.
También, Morena aprobó así las reglas que regirán su proceso interno, incluyendo calendario, método de encuestas y restricciones para sus aspirantes, delineando un mecanismo controlado desde el partido.
Para consolidar su etiqueta de partido hegemónico, este será el mayor reto de Morena, si entendemos la definición como aquel que domina de manera prolongada el sistema político de un país, controlando instituciones y limitando la competencia real de la oposición, aunque formalmente existan otros partidos.
Morena dio luz verde a sus aspirantes, pero estableció reglas, plazos y candados para quienes buscarán una candidatura entre las 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas, 680 presidencias municipales y mil 88 diputaciones locales que estarán en juego.
El partido en el gobierno sabe el tamaño de lo que se juega el próximo año ante una sociedad mexicana dividida, más allá de lo que dicen las encuestas y en medio del debate por la Reforma Electoral que en su Plan B, en días próximos entrara en su periodo de discusión definitiva en el congreso mexicano.
En tanto, los partidos de oposición como el PAN y PRI, tienen el panorama muy claro. Saben que están ante la última oportunidad para recuperar en el 2027, los espacios que han venido perdiendo en los últimos años y para ello buscan reinventarse presentando cada uno sus estrategias electorales.
El presidente del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas dio a conocer a los llamados “Defensores de México”, que son sus perfiles y las caras visibles para las 17 candidaturas estatales que estarán en disputa, bajo el planteamiento y la encomienda de salvar al país de un gobierno se ha empeñado en debilitar al estado mexicano, confrontar a la sociedad y poner en riesgo al futuro de la nación.
Únicamente en la narrativa, el PAN busca candidatos ciudadanos
Una vez que los partidos políticos ya se encuentran en “Modo Electoral”, el PAN también anunció apenas el sábado, la apertura total de sus candidaturas en lo que ha calificado como un cambio de fondo en el método de selección interna.
Su presidente Jorge Romero, a quien el gobierno federal lo reconoce un día sí y el otro también, como el presidente panista más corrupto, y el “Rey del Cartel Inmobiliario”, aseguró que cualquier persona interesada puede participar y ser candidato mediante un registro en una plataforma digital.
Insistió en un discurso lleno de demagogia, que incluso el ciudadano de a pie, podrá competir en igualdad de condiciones dentro de un esquema de medición abierto, para competir y ganar, lo que es absolutamente falso.
Esto evidentemente no ocurrirá, porque se sabe de siempre, que en el reparto de candidaturas decide y palomea el presidente del partido, privilegiando sus intereses económicos y políticos, y por donde pasa el pago de favores y cuotas. Así que el ciudadano común y corriente convertido en diputado, alcalde o gobernador, solo existe en la narrativa panista y en el imaginario electoral.
Los panistas y su líder deberían en todo caso empezar a voltear a sus mejores cuadros. A aquellos políticos que, a pesar de los reveses y las crisis recientes del panismo, han sacado la cara por su partido, y han emprendido con trabajo y disciplina su propio camino hacia una candidatura.
Damián Zepeda, Adriana Dávila y Héctor Saúl Téllez, son algunas de las cartas fuertes del blanquiazul y a quienes el panismo, les debe lealtad política y tendría que apoyar ante el reconocimiento ciudadano con que ya cuentan, si es que el partido no quiere desde ahora darse un tiro en el pie. Por ahí podría empezar la cúpula panista, que salvo algo insólito, terminará como siempre acomodando a candidatos incondicionales.
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