Opinión de Antonio Valerio Delgado
Momentos tan oscuros y difíciles por decir lo menos, están viviendo el Gobierno de México y la llamada ¡Cuarta Transformación!
La reciente semana terminada fue negra y de terror, porque con la entrega en Estados Unidos de dos de los colabores más cercanos del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, Washington inició la cacería de nacopolíticos mexicanos con etiqueta de terroristas que emprendió en el 2021, y cuya lista le envió al gobierno de México hace casi tres semanas.
Podría ser como muchos presagian, la caída del régimen guinda, que aun siendo advertido de los múltiples delitos de “Grupo Sinaloa”, no hizo caso y desatendió los requerimientos de Washington para entregar en extradición a una banda de pillos encabezados por el pez gordo: RRM.
Se ignoró a la Casa Blanca y el gobierno se envolvió una y otra vez en la bandera de la soberanía y el patriotismo y ese hecho amenaza ahora con pagarse a un precio muy caro. También insistió en la cantaleta “Duro y Dale” (dirían los abuelos), de pedir pruebas y más pruebas, cuando ya las había y de sobra, porque de no ser así dos de los acusados no se hubieran entregado a las autoridades estadounidenses.
Esas dos semanas de desafió de la 4T a la Casa Blanca, sirvieron para prolongar la agonía y fueron además el tiempo necesario para que la paciencia y los ánimos conciliadores del presidente Donald Trump, se terminaran y lanzará el ultimátum: “Si no van a hacer el trabajo que tienen que hacer lo vamos a hacer nosotros”.
La amenaza cayó como bomba y en cuestión de horas se supo del congelamiento de cuentas bancarias de varios de los acusados, que con el miedo hasta el cuello y sin consultar a los altos mandos del morenismo, se fueron a entregar a las autoridades judiciales estadounidenses, que ahora mismo los tienen bajo custodia y ya son en los hechos, las pruebas contundentes que palacio nacional pedía a gritos. “Quería pruebas…Ahí las tiene”.
Los exsecretarios de Seguridad y de Administración y Finanzas de Sinaloa, Gerardo Mérida y Enrique Díaz, son ahora el foco de presión para México desde Washington, y que llevará en horas y días a la entrega de más personajes o a la captura del resto de los implicados, entre ellos el senador Enrique Inzunza, de quien se dijo este fin de semana que ya también se entregó a la justicia estadounidense.
Sin embargo, el pez gordo de la trama “RRM” sigue desaparecido y aún protegido por el gobierno, pero frente a estos escenarios, no se ve que tarde en caer, y sea llevado ante la Corte de Nueva York, donde declare y niegue los dichos de Gerardo Mérida y Enrique Díaz, quienes se adelantaron tratando de salvar su pellejo y buscando aminorar la pena de 50 años de prisión o la cadena perpetua.
Todos ellos terminarán siendo compañeros de prisión de Ismael el Mayo Zambada, Rafel Caro Quintero, Joaquín el Chapo Guzmán y hasta del célebre dictador venezolano Nicolás Maduro. Todos miembros de una auténtica delincuencia organizada.
En síntesis: Todo el tinglado de impunidad, complicidades y vínculos con el narcotráfico que sostenía al gobierno morenista en Sinaloa ha comenzado a derrumbarse de manera estrepitosa. Es un golpe de timón judicial que ha exhibido las entrañas más oscuras de la llamada “Cuarta Transformación” y que terminará por arrastrar a muchos más personajes del movimiento.
La larga lista incluye a otros gobernadores, lo mismo que a senadores y diputados, que hasta hace unas semanas evidenciaban sus apetitos políticos, para alcanzar alguna candidatura de Morena en el proceso electoral del 2027.
Ahora seguramente ya planean su declinación y el silencio y quizás hayan pensado en el retiro y buscar una defensa legal para intentar ponerse a salvo del brazo ejecutor del vecino del norte. Otros están seguramente en proceso de poner a salvo sus cuantiosas fortunas, sus cuentas bancarias y sus abultados patrimonios, ignorando que cualquier movimiento financiero los hace también sospechosos.
Y mientras todos los caminos irremediablemente llevarán a
Palenque, en horas recientes en medio de la desesperación de muchos morenistas, salió a relucir el reparto de culpas y acusaciones. Una vez más el impresentable senador Gerardo Fernández Noroña, campeón mundial de lo indefendible, utilizó sus redes sociales para reclamarle a la Guardia Nacional y a las fuerzas armadas, por no haber vigilado bien a Gerardo Mérida y Enrique Díaz, y evitar que se fueran a entregar a los Estados Unidos.
Otra más: Yeraldine Bonilla, quien de mesera se convirtió en unos cuantos meses en gobernadora estatal, no se aguantó las ganas de sacar el pecho por su ex jefe Rubén Rocha Moya y de manera airada, le abonó al polvorín político sinaloense.
Acusó al ejército de tener al estado bañado en sangre y en seguida el General Santos Delgado Soto, le reviró y la acusó de ser ella y el gobierno estatal los culpables de hundir a la a la entidad y de tenerla bañada en sangre por sus vínculos con el narcotráfico. Hay versiones de que esta confrontación ya escaló ayer mismo hasta Palacio Nacional.
Y así se cierra este capítulo semanal de la película de terror del partido guinda, pero vienen más que prometen ser esta misma semana aún más estrepitosos y dramáticos como históricos.



