Jimena descubrió el mundo desde otra altura el día que logró ponerse de pie junto a su hermana gemela. Leonardo, que durante años se desplazó gateando, un día decidió que ya no quería ir al piso: quería caminar. Y Óscar Jaziel comenzó a ver al robot no como una terapia, sino como un compañero capaz de ayudarlo a dar pasos que antes parecían imposibles.
Detrás de cada avance existen madres que aprendieron a celebrar las pequeñas victorias de sus hijos. Un músculo más fuerte. Una mejor postura. Sueño de más calidad. Visitas al baño con menos dolor. Sonrisas antes de entrar a terapia.
Por eso, cuando en Ciudad de México se anunció la llegada de la primera sede internacional de Marsi Bionics, la empresa creadora del exoesqueleto pediátrico ATLAS 2030, la noticia no se sintió solamente tecnológica. Para infinidad de familias mexicanas fue, sobre todo, profundamente humana.

“La discapacidad infantil ha sido la eternamente olvidada”
Durante la presentación en el Centro Cultural de España en México, la fundadora y CEO de Marsi Bionics, la española Elena García Armada, explicó que la decisión de abrir la primera sede fuera de su país en México no fue casualidad.
“¿Cómo hacer que la tecnología realmente se democratice y pueda llegar a todos los niños que lo necesitan, independientemente de la geografía o del estrato social?”, planteó.
Para la especialista, México ya había construido un ecosistema particularmente sensible hacia la discapacidad infantil, gracias al trabajo de instituciones públicas, privadas y organizaciones sociales.
“La discapacidad infantil ha sido la eternamente olvidada”, afirmó. “Pero en México encontramos organizaciones que tienen la mirada puesta no solo en los niños, sino en toda la familia”.

García Armada recordó que hace cuatro años fue la Asociación Pro Personas con Parálisis Cerebral (APAC) quien viajó a España para buscar el exoesqueleto ATLAS 2030, cuando apenas era uno de los primeros dispositivos desarrollados por la compañía. “México nos eligió primero, nosotros solo decidimos estar más cerca”.
Desde entonces, APAC se ha convertido en uno de los principales impulsores de la neurorrehabilitación robótica pediátrica en América Latina y actualmente opera tres dispositivos ATLAS 2030.
En 2025, la tecnología de Marsi Bionics también llegó a Fundación Teletón, integrándose a los Centros CRIT de Ciudad de México, Hidalgo, Puebla y Aguascalientes. El proyecto continuará creciendo en los próximos meses con la incorporación de seis nuevos dispositivos.
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Con la apertura de Marsi Bionics, México se convierte en el primer país en contar con una presencia permanente de la compañía, un reconocimiento al papel clave que ha tenido en la implementación, el desarrollo clínico y la expansión de la tecnología ATLAS 2030 en América Latina desde 2022.
El ATLAS 2030 es el dispositivo más avanzado del mundo en neurorrehabilitación pediátrica. Diseñado para adaptarse al cuerpo y a la condición muscular de cada niño, permite trabajar la bipedestación, la marcha y la movilidad de forma completamente personalizada.
El dispositivo incorpora ocho articulaciones activas con la tecnología patentada ARES, que imita el funcionamiento del músculo humano mediante el principio del biomimetismo. Está indicado para niños con parálisis cerebral infantil, atrofia muscular espinal y otras enfermedades neuromusculares.
Se han realizado más de 15 mil sesiones en siete países sin la aparición de eventos adversos graves, lo que habla de su calidad. Además, el ajuste al cuerpo del niño es en cuestión de minutos, lo mismo el retiro.
El día que Jimena se puso de pie junto a su hermana
Uno de los testimonios más conmovedores fue el de Mónica, madre de Jimena, la primera niña mexicana que utilizó el exoesqueleto. Todavía emocionada, recordó el momento en que vio a su hija levantarse por primera vez.
“Fue increíble verla de pie”, contó con la voz entrecortada. “Ese día estaba también su hermana gemela y para las dos fue muy emotivo”.
Jimena observaba el entorno desde una perspectiva completamente nueva. Quería avanzar, acercarse a su hermana, descubrir quién era más alta.
“Ellas son gemelas y para ella era muy importante poder estar parada junto a su hermana”, relató su madre.
Para Mónica, aquel momento cambió incluso la manera de entender la rehabilitación. “Que esta tecnología haya llegado a nosotros fue darle otro sentido a la rehabilitación de mi hija”.
Leonardo esperó años para “dar la talla”
La historia de Leonardo también está hecha de paciencia.
Su madre, Menis, recordó que comenzaron terapias cuando él apenas tenía seis meses de edad. Buscaron prácticamente todo lo que encontraban: yoga, equinoterapia, distintas rehabilitaciones.
“En mi necesidad de que avanzara más rápido iba a todas las terapias”, contó. “Pero también era desgastante porque los cambios tardaban muchísimo en verse”.
Cuando conocieron el área de neurorrobótica, su obsesión era una sola: que Leonardo pudiera entrar al programa del exoesqueleto. Pero todavía era demasiado pequeño.
“Yo cada mes iba y decía: ‘¿Ya lo mides? ¿Ya creció?’”, recordó entre risas.
Hasta que finalmente ocurrió.
La primera sesión fue distinta a cualquier otra experiencia terapéutica. Leonardo no lloró. No se angustió. Aplaudió. “Estaba feliz”, contó su madre.
El cambio más impactante llegó apenas unas sesiones después. “Él siempre se desplazaba gateando, pero como a la tercera o cuarta sesión estábamos en la casa y ya no quiso ir al piso. Quería ir caminando”.
Para ella, aquello fue un momento casi imposible de explicar. “Fue como si en su cabeza hubiera hecho clic y entendiera que también podía desplazarse de pie”.
Un robot que también ayuda a jugar
Parte del impacto del ATLAS 2030 está en algo que parece sencillo, pero transforma por completo las terapias: los niños pueden jugar mientras trabajan su movilidad.
La terapeuta Ana Paula explicó que el sistema mantiene al paciente seguro y estable mediante soportes, cinchas y fajas especiales. Eso permite que el fisioterapeuta deje de concentrarse únicamente en sostener el cuerpo del niño y pueda interactuar mucho más con él.
“El fisioterapeuta puede jugar con el paciente”, explicó. “Y mediante el juego los niños desarrollan capacidades psicomotrices, espaciales y sociales”.
El exoesqueleto además permite personalizar cada movimiento: la velocidad, el tamaño del paso, la apertura de caderas o el ritmo de marcha.

El enorme trabajo detrás del robot
Aunque el exoesqueleto suele robarse todas las miradas, especialistas y familias insistieron en algo fundamental: la tecnología por sí sola no hace milagros.
Detrás de cada avance hay fisioterapeutas, médicos y especialistas que adaptan cada sesión a las necesidades de cada niño, interpretan sus respuestas físicas y emocionales y convierten la rehabilitación en un espacio de juego, confianza y aprendizaje.
La propia madre de Leonardo destacó que una de las mayores diferencias frente a una terapia convencional es la relación que se genera con los terapeutas.
“Leo está feliz, jugando”, contó. “Ha creado una conexión súper importante con Celia”.
Para los especialistas, justamente ahí está una de las claves del éxito: el robot libera físicamente al terapeuta para que pueda concentrarse mucho más en el niño.
El robot que ayuda a caminar… y también a respirar, dormir y convivir
El especialista clínico Fernando Neiros explicó que el exoesqueleto no solo busca que los niños caminen.
“El mero hecho de caminar y estar parados ayuda a activar todo el cuerpo”, señaló. “Mejora la digestión, la capacidad respiratoria, la circulación, el sueño y también el aspecto emocional y cognitivo”.
Según explicó, estudios clínicos han mostrado que, en algunos casos, los avances pueden ser hasta 4.5 veces mayores que con terapia convencional sola.
“No significa que la terapia física no funcione”, aclaró. “El robot es un complemento que potencia muchísimo más las capacidades de los niños”.
Además de mejorar la movilidad, los especialistas han observado cambios en la participación escolar, la interacción social y la autoestima.
Óscar Jaziel: “Es un robot que me ayuda a caminar”
Otro de los momentos más emotivos ocurrió cuando habló la madre de Óscar Jaziel, un niño que lleva más de un año utilizando el exoesqueleto en APAC.
Contó que cuando llegaron al centro, su hijo no podía mantenerse de pie y tenía movimientos involuntarios constantes.
“Él empezó en enero y para abril ya podía levantarse con su andadera y dar algunos pasos”, recordó. “Ver un cambio así en cuatro meses fue impresionante”.
Pero los avances no solo fueron físicos. “Le ayudó muchísimo con su autoestima”, contó su madre. “Él ya no lo ve como terapia. Dice que es un robot”.
El propio niño tomó el micrófono para resumirlo a su manera: “Es un robot que me ayuda a caminar, es mi bro”.
Su madre relató además que el exoesqueleto mejoró problemas digestivos severos y facilitó actividades cotidianas como ir al baño. “No digo que la terapia física no ayude”, explicó. “Pero con el robot el avance se nota mucho más rápido”.

México, referente en América Latina
Durante el evento también participó el embajador de España, Juan Duarte, quien aseguró que la alianza entre ambos países ya está transformando la rehabilitación pediátrica en la región.
“Cuando la ciencia española y el compromiso mexicano se unen, los niños con discapacidad ganan”, afirmó.
El diplomático destacó que México fue el primer país latinoamericano en incorporar el ATLAS 2030 y que actualmente lidera la generación de evidencia científica sobre neurorrehabilitación robótica en la región.
“La discapacidad no es el límite”
Hacia el cierre del encuentro, Elena García Armada lanzó un mensaje que marcó el tono de toda la presentación.
“No podemos permitir que exista una brecha tecnológica en la discapacidad infantil”, dijo frente a médicos, terapeutas y representantes institucionales. “Cada año que pasa en la vida de un niño con discapacidad es un tiempo irrecuperable”.
Y remató con una frase que resumió el espíritu del proyecto: “La discapacidad no es el límite. El verdadero límite es la falta de oportunidades”.



