Faltan unos días para que ruede el balón del Mundial 2026, pero en la Ciudad de México ya comenzó otro partido: el que enfrenta la promesa de una vitrina global con temas tan terrenales como la gentrificación, la vivienda, el espacio público y el futuro de la ciudad.
Porque sí, el Mundial no solo se juega en la cancha. También puede sentirse en la renta del departamento, en el precio de los servicios, en la llegada masiva de turistas y en la forma en que se transforma una colonia.
Ese fue uno de los temas centrales de la mesa Infraestructura, Diseño y Mercadotecnia, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana como parte de la iniciativa UAMundial 2026, donde especialistas analizaron qué puede ganar —y qué puede perder— la capital mexicana cuando reciba por tercera vez una Copa del Mundo.
El Mundial más “posteado” de la historia
Para Pamela de Gortari, México tiene una oportunidad única no solo porque será el primer país en albergar tres Copas del Mundo, sino porque ahora cuenta con algo que no existía en 1970 ni en 1986: las redes sociales.
Cada turista llegará con una cámara en el bolsillo y una audiencia potencial de miles de personas.
“Hoy podemos demostrar de forma diferente de qué somos capaces los mexicanos“, afirmó.
La especialista señaló que el verdadero reto no es únicamente atraer visitantes, sino lograr que se lleven algo más que una selfie frente al estadio o una foto de tacos al pastor.
“Lo importante como México es buscar campañas que dejen mensaje, que generen interacciones y que hablen no solo por vender“, explicó.
En otras palabras: que el Mundial deje recuerdos, no solo derrama económica.
El problema empieza cuando termina el partido
La pregunta incómoda es qué pasa cuando los aficionados regresan a casa.
Ahí entró el arquitecto Francisco Haroldo Alfaro Salazar, quien recordó que los grandes eventos deportivos suelen transformar las ciudades que los reciben.
Los Juegos Olímpicos de 1968 y los Mundiales de 1970 y 1986 dejaron infraestructura, equipamiento urbano y mejoras en movilidad.
Pero esta vez el escenario es diferente. No habrá grandes obras ni nuevos estadios. Sin embargo, eso no significa que la ciudad vaya a permanecer intacta.
“Creo que a la Ciudad de México le falta todavía una visión que permita comprenderla para intervenirla en todas sus dimensiones“, señaló.

¿Qué tiene que ver el Mundial con la gentrificación?
Mucho más de lo que parece.
Uno de los puntos que encendió la discusión fue el crecimiento de los alojamientos temporales para turistas en las zonas cercanas al ahora llamado Estadio Ciudad de México.
La preocupación es que la demanda de hospedaje impulse cambios en colonias tradicionales, elevando costos y modificando la vida cotidiana de quienes viven ahí.
“Es probable que una condición de ese tipo va a significar, entre otras cuestiones, la gentrificación de Santa Úrsula“, advirtió Alfaro Salazar.
Traducido al español de la vida diaria: más visitantes puede significar más negocio, pero también rentas más caras, desplazamiento de vecinos y transformaciones aceleradas en algunos barrios.
El verdadero Mundial estará fuera del estadio
Los especialistas coincidieron en algo: la mayor parte de la fiesta mundialista ocurrirá lejos de las tribunas.
Miles de personas seguirán los partidos desde plazas, parques, restaurantes, cantinas y espacios públicos.
Por eso, el legado del torneo no dependerá únicamente de cuántos goles se anoten o de cuántos turistas lleguen.
La verdadera pregunta es si la ciudad aprovechará el reflector internacional para mejorar la experiencia de quienes viven aquí todo el año.
Porque cuando el árbitro marque el final del Mundial, los aficionados se irán.
Los habitantes de la Ciudad de México se quedarán.
Y serán ellos quienes vivan —para bien o para mal— el resultado de este otro partido.
Fuente: Boletín de la mesa “Infraestructura, Diseño y Mercadotecnia” de la iniciativa UAMundial 2026, organizada por la Universidad Autónoma Metropolitana.



