Las campanas de la capilla de Santa Mónica, en Epazoyucan, Hidalgo, sonaron cerca del mediodía.
No anunciaban una misa cualquiera. Después de casi 19 años de ausencia, la imagen de Santa Rosa de Lima regresaba al retablo del que fue arrancada durante uno de los mayores robos de arte sacro registrados en el estado.
Los habitantes la recibieron entre aplausos y lágrimas. La escultura, con el Niño Jesús en brazos, fue colocada frente al altar mayor mientras la comunidad se reunía para celebrar el final de un largo recorrido que la llevó fuera de México.

Una ausencia de casi dos décadas
La pieza fue robada la noche del 30 de diciembre de 2007 de la capilla de Santa Mónica, perteneciente al conjunto religioso de San Andrés Apóstol.
Los responsables ingresaron al templo y sustrajeron varias imágenes religiosas del siglo XVII, dejando prácticamente vacío su retablo.
Santa Rosa de Lima fue localizada en Estados Unidos y recuperada mediante la colaboración de autoridades de ambos países.
En diciembre de 2024, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) dio a conocer oficialmente su repatriación, junto con otras seis piezas prehispánicas.
La escultura permaneció bajo resguardo de la Fiscalía General de la República mientras continuaban las investigaciones. Finalmente, el 5 de agosto volvió a la comunidad de Santa Mónica.
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Para los habitantes de Epazoyucan no se trata únicamente de la recuperación de una obra antigua. La imagen ha acompañado durante generaciones la vida religiosa, las celebraciones y la memoria de la localidad.
“Una imagen religiosa es más que una obra artística; es la presencia de Dios que nos recuerda que nos ama y nos protege”, expresó Francisco de Jesús Contreras Figueroa, sacerdote de la iglesia y del exconvento de San Andrés Apóstol.
“El regreso de Santa Rosa fortalece la fe de la comunidad que esperaba su regreso”, agregó durante la ceremonia, en la que participaron autoridades eclesiásticas y funcionarios del INAH.

Una pieza del siglo XVII
Especialistas del instituto explicaron que la escultura es una talla de madera de manufactura indígena y tradición franciscana. Presenta estofado, policromía y recubrimiento con lámina de oro, y formaba parte de un retablo salomónico de gran valor histórico y religioso.
Su importancia, sin embargo, no depende únicamente de los materiales o de su antigüedad.
Como ocurre con buena parte del arte sacro, la obra mantiene una relación viva con la población para la que fue creada. Su desaparición dejó un vacío físico en el altar, pero también una herida en la comunidad.
La capilla de Santa Mónica ha sufrido al menos dos saqueos. Uno ocurrió en enero de 2001 y otro a finales de 2007. Algunas de las esculturas sustraídas lograron recuperarse en 2017; otras todavía permanecen desaparecidas.
Las cifras incluidas en los registros y versiones disponibles no coinciden sobre el número total de piezas pendientes. Lo cierto es que los espacios vacíos del retablo siguen recordando que la historia aún no está completa.
Templos vulnerables al saqueo
El regreso de Santa Rosa también puso nuevamente sobre la mesa un problema que se extiende por numerosas iglesias, capillas y conventos de México: el tráfico de arte religioso.
Infinidad de estas construcciones conservan esculturas, pinturas, retablos y objetos litúrgicos de los siglos XVI al XIX.
Se encuentran en comunidades pequeñas, con recursos limitados y sin sistemas suficientes de vigilancia. Esa combinación las vuelve vulnerables ante grupos dedicados a sustraer y comercializar piezas dentro y fuera del país.
Funcionarios del INAH informaron que ya cuentan con un diagnóstico de los puntos vulnerables de los templos de Hidalgo y que se buscará reforzar su protección.
Acciones concretas
Entre las medidas propuestas se encuentran establecer horarios definidos para las visitas, instalar cámaras de videovigilancia y fortalecer la participación comunitaria.
También se hizo un llamado a elaborar inventarios detallados de los bienes religiosos conservados en parroquias, capillas y conventos.
Contar con fotografías, medidas, descripciones y registros actualizados puede ser decisivo para identificar una pieza robada cuando aparece en una galería, una subasta o una colección privada. De hecho, la documentación histórica permitió vincular la escultura recuperada en Estados Unidos con la capilla hidalguense de la que había sido sustraída.
Después de casi dos décadas, Santa Rosa de Lima volvió al lugar para el que fue creada. El repique de las campanas celebró su llegada, pero los huecos que permanecen en el retablo recuerdan que todavía hay imágenes por encontrar y una parte de la memoria de Epazoyucan que sigue lejos de casa.
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