Victoria Ferrer
Lo que comienza como una experiencia personal puede terminar convirtiéndose en una pregunta para toda la sociedad. Esa es una de las premisas de la primera exposición de alumnos del Diplomado “Narrativas Visuales: arte, política y memoria activa en el mundo”.
Se trata de una muestra que reúne carteles y piezas audiovisuales construidas a partir de experiencias relacionadas con la salud mental, la desaparición, la violencia contra las mujeres, el miedo urbano, la diversidad familiar, el estigma social, el duelo, la resistencia y la búsqueda de justicia. Por ello, la exposición parte de una idea central: las imágenes también son una forma de tomar posición en el espacio público.
La doctora Esmeralda Tobón Ávalos, artista e investigadora de la Facultad de Artes y Diseño (FAD) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y responsable de impulsar el diplomado, explica que las obras surgieron de cartas en las que los participantes expresaron alguna angustia, miedo o situación que los atravesaba.
“A partir de lo íntimo se vuelve político cuando lo exponemos en el espacio público”, explica Tobón. Así, fotografías, collages, grabados y otras propuestas gráficas convierten sentimientos individuales en narrativas capaces de dialogar con problemas colectivos.

Uno de los aspectos que distingue al proyecto es que sus participantes no provienen necesariamente del ámbito artístico. Tobón destaca que precisamente ahí reside parte de la riqueza de la experiencia: demostrar que el arte no pertenece exclusivamente a quienes se dedican profesionalmente a él.
“El arte no solo es de los artistas, el arte es para todos”, afirma, al tiempo que reconoce la capacidad de los alumnos para generar, mediante una imagen, nuevas posibilidades de reflexión y hasta un poco de esperanza frente a la realidad del país.
Curaduría: la transición de lo privado a lo público
Para Lisette Romero Hernández, curadora con 14 años de experiencia y especialista en relaciones internacionales, la propuesta también representó una oportunidad para romper la división tradicional entre arte y política.
La muestra, que puede visitarse en el Centro de Educación Continua de Manuel López Cotilla 1548, en la colonia Del Valle, terminó convirtiéndose en una oportunidad para que los propios participantes se involucraran en el montaje y conocieran el proceso que existe detrás de una exposición.
La curaduría explica Romero, se construyó a partir de tres ejes que llevan al visitante de la herida íntima hacia las problemáticas sociales y políticas. Por ello, la intención fue mostrar cómo una experiencia individual puede encontrar puntos de encuentro con otras historias hasta convertirse en una voz colectiva.
Más que una exposición de trabajos finales, la muestra plantea una conversación sobre aquello que suele permanecer en silencio. Así, cada cartel funciona como una ventana hacia una experiencia personal, pero también como un reflejo de estructuras sociales que atraviesan la vida cotidiana.
En esa transición de lo privado a lo público, los alumnos encuentran una manera de nombrar sus heridas, cuestionar lo normalizado y transformar la memoria en una herramienta de resistencia. Y quizá ahí está la mayor apuesta del diplomado: demostrar que una imagen puede no solo contar una historia, sino también abrir un espacio para imaginar otras formas de vivirla.



