“Esto no es el final de absolutamente nada”.
Esa fue la idea que atravesó la ponencia de Lilyán de la Vega en el Foro Plenilunia en mi Menopausia 2026.

La escritora, coach y consultora en transformación con enfoque de género invitó a mirar la menopausia no solo como una experiencia fisiológica, sino como parte de una vida que sigue abriendo caminos.
El foro, organizado por Plenilunia en la Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional Siglo XXI, reunió a más de 400 asistentes en torno a la salud integral de las mujeres.
De la Vega, con más de 20 años de experiencia en liderazgo femenino, diversidad e inclusión, también es fundadora de Escrimind y autora de Lecciones para volar para una bruja moderna.
El cuerpo cambia; cada experiencia es distinta
La ponencia comenzó con una imagen cercana: los bochornos pueden convertir una conversación tranquila en una carrera por encontrar aire fresco.
De la Vega contó que una amiga recibe el calor de otra manera: lo observa llegar, atravesar su cuerpo y marcharse. Ella, en cambio, preferiría que alguien encendiera el aire acondicionado.
La anécdota le permitió subrayar que no hay una sola forma de vivir la menopausia. Algunas personas atraviesan síntomas difíciles e incluso incapacitantes; otras apenas los notan.
Reconocer esa diversidad también implica no reducir a las mujeres a lo que ocurre en su cuerpo.
“No somos solo esto”, planteó la conferencista.
Además de los cambios físicos, propuso preguntarse qué experiencia de vida está teniendo cada una.
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“A tu edad”, el coro que intenta decidir por nosotras
De la Vega llevó la conversación hacia las expectativas que se acumulan a lo largo de los años. A muchas mujeres les asignan papeles desde temprano: ser buenas hijas, parejas, madres o profesionistas.
Con ellos llegan instrucciones sobre cómo comportarse y qué hacer para cumplir con lo que otras personas esperan.
Ese coro puede hacerse más insistente cuando una mujer decide cambiar algo.
“¿A tu edad te vas a divorciar?”, “¿a tu edad quieres cambiar de carrera?” o “¿a tu edad te vas a enamorar?”, enumeró.
También aparecen mandatos sobre lo que se debería comer, cuánto dormir o cómo cuidar el cuerpo. La pregunta, dijo, es dónde queda la propia voz entre tantas opiniones.

La mitad de la vida, todo un reto
La mitad de la vida puede traer cambios importantes: el nido vacío, transformaciones en la pareja o el trabajo, nuevos retos económicos y el cuidado de los padres.
La escritora no presentó el umbral como una solución automática ni como una etapa fácil. Lo describió como un lugar entre lo conocido, que puede dar seguridad, y un futuro que despierta curiosidad, pero también miedo.
Atravesarlo no significa rechazar todo lo vivido. Una mujer puede amar a su familia y, al mismo tiempo, querer repartir de otra manera las responsabilidades. Puede valorar su trayectoria profesional y reconocer que tuvo costos.
La invitación es mirar hacia atrás con gratitud y decidir qué ya no quiere hacer igual.
La experiencia como criterio y libertad
Para hablar de esos cambios, la conferencista recurrió a dos momentos personales. Durante años creyó que debía terminar todos los libros que empezaba. Un día se preguntó quién la estaba vigilando y decidió cerrar aquellos que no quería seguir leyendo.
Era una decisión pequeña, pero le sirvió para reconocer cuántas reglas se obedecen sin pensar.
También habló del miedo a subir a un escenario y de la voz que le preguntaba quién era ella para compartir sus ideas.
Al contar sus experiencias con vulnerabilidad, descubrió que otras personas podían reconocerse en ellas y encontrar palabras para lo que también les pasaba.
El temor no desapareció por completo; aprendió a hablar aun con la voz y las piernas temblando.
Un criterio propio
Para De la Vega, ahí se encuentra una forma de liderazgo: usar la experiencia para construir un criterio propio y conducir la vida desde él.
Cambiar de opinión no tendría que ser motivo de crítica, dijo; después de décadas de experiencias, seguir pensando exactamente igual que a los 20 sería una señal de que no hemos revisado lo aprendido.
La ponencia cerró con una pregunta para llevarse a casa: “¿Qué libertad está disponible para ti hoy?” Puede ser tener una conversación pendiente, revisar un acuerdo que ya no funciona, estudiar algo nuevo o tomar una decisión que antes parecía impensable.
La menopausia, finalizó, no cancela el futuro: puede ser un umbral desde el cual elegir cómo vivir lo que viene.
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