Una pérdida de orina al reír o estornudar no necesariamente tiene el mismo origen que la urgencia de llegar al baño.
Por eso, antes de intentar resolver la incontinencia urinaria con ejercicios o dejar de tomar agua por miedo a una fuga, conviene consultar a un profesional de la salud, planteó la Dra. Jennifer Estefanía Reyes Alcaraz.

La especialista en urología ginecológica participó en un panel moderado por Maribel Ramírez Coronel durante el Foro Plenilunia en mi Menopausia 2026, organizado por Plenilunia en la Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional Siglo XXI.
El encuentro reunió a más de 400 asistentes para conversar sobre la salud integral de las mujeres.
No todas las fugas tienen el mismo origen
Reyes Alcaraz describió dos tipos frecuentes de incontinencia. La de esfuerzo puede aparecer al toser, estornudar, reír o hacer ejercicio; la de urgencia, cuando surge una necesidad repentina de ir al baño y cuesta llegar a tiempo. Ambas pueden presentarse en una misma persona, y el tratamiento depende de identificar qué ocurre.
Durante la perimenopausia y la menopausia, explicó, los cambios hormonales pueden afectar los tejidos de la vagina y la vía urinaria, así como el soporte de los músculos del piso pélvico.
También mencionó otros factores, como los embarazos, el parto vaginal, la obesidad, el tabaquismo y algunas afecciones neurológicas.
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Kegel no se improvisa
La doctora advirtió que buscar ejercicios de Kegel en internet no siempre basta para hacerlos bien: algunas personas pueden contraer músculos distintos a los que necesitan trabajar. Si la técnica es incorrecta, el ejercicio puede causar dolor e incluso agravar los síntomas, dijo.
La recomendación coincide con información del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos: contraer los músculos equivocados puede aumentar la presión sobre la vejiga, y hacer los ejercicios con demasiada fuerza o de manera incorrecta puede causar dolor.
La institución recomienda pedir orientación a un profesional de salud si hay dudas sobre la técnica.
La atención, añadió Reyes Alcaraz, puede incluir rehabilitación del piso pélvico, medicamentos, tratamientos locales o cirugía, según el tipo de incontinencia y la evaluación de cada paciente.
Para iniciar la valoración se puede acudir con ginecología, urología o urología ginecológica. Las recomendaciones clínicas también contemplan programas supervisados de entrenamiento del piso pélvico para ciertos tipos de incontinencia.

El silencio también afecta la calidad de vida
En el panel participó también Melisa Nieto, gerente de marketing de Continence Care para México y Centroamérica en TENA.
A partir de conversaciones con consumidoras, señaló que algunas mujeres tardan meses en hablar de las fugas y que, mientras tanto, pueden dejar de hacer ejercicio, salir o reunirse con otras personas por temor a que alguien lo note.
La vergüenza puede llevar a normalizar las pérdidas o a adaptar la rutina alrededor de ellas. Reyes Alcaraz insistió en que la incontinencia no debe asumirse como inevitable por la edad: reconocerla y consultar permite identificar su causa y conocer las opciones de tratamiento.
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