Virginia Ferrer
Instalado por primera vez en México de forma oficial, el reconocido chef argentino Javier Brichetto enfrenta uno de los mayores retos de su carrera: conquistar el paladar de un país con una tradición culinaria tan vasta y rica como la mexicana.
“El mexicano sabe comer bien y tiene una gran cultura gastronómica. Para mí, como profesional, eso representa un desafío enorme”, afirma con honestidad y entusiasmo.
Brichetto no viene a imponer, sino a compartir. Su propuesta, que ha funcionado en Argentina y Europa, aterriza en México con humildad y una mirada contemporánea sobre la cocina a las brasas.
Lejos de los clichés del asado argentino, su concepto busca romper esquemas: “No es el típico steakhouse con un corte de 400 gramos y papas fritas. Es una experiencia que explora técnicas propias y sabores distintos, siempre alrededor del fuego, pero sin maquillajes”, explica.
Su cocina se basa en la honestidad del producto y la técnica. El fuego, protagonista absoluto, se manifiesta en cada platillo sin disfraz ni exceso.
“Si hay una salsa, va aparte. Aquí el ingrediente es el que habla, no lo que lo rodea”, comenta. Su estilo lo define como cocina de autor, aunque reconoce que esa etiqueta se ha “manoseado” mucho.
Prefiere hablar de una evolución personal de la parrilla, con influencias propias y una identidad marcada. Pero su revolución va más allá del plato: también quiere transformar la experiencia de comer fuera.
“Creo que el formato de entrada, plato fuerte y postre ya está quedando obsoleto. La gente quiere probar cosas distintas, compartir, elegir libremente”, señala.
Para él, un restaurante no debe imponer un gasto mínimo ni condiciones para disfrutar: “Tiene que ser un espacio democrático, donde puedas gastar 20, 60 o 180 dólares, pero sin sentirte obligado”.
En ese sentido, su propuesta busca atraer tanto al comensal curioso como al amante de la carne, pero bajo nuevas reglas.
“Cuando escuchas ‘parrilla’ y hay un argentino detrás, piensas en carne y papas. Yo quiero que quites eso de la cabeza y te dejes llevar por otras preparaciones, otras formas de interpretar el fuego”, invita. La idea es ofrecer una experiencia completa, sensorial y relajada, donde cada visita sea distinta.
Para Brichetto, cocinar es contar una historia con cada bocado. Su llegada a México no es solo la expansión de una marca, sino una declaración de principios: que la buena comida, la técnica y la creatividad no tienen fronteras. Y que, incluso en un país con una de las mejores cocinas del mundo, todavía hay espacio para descubrir nuevas formas de prender el fuego.
Fotos José Luis González









