En días recientes conocimos la noticia de que la senadora morenista Mariela Gutiérrez, en el año 2019, fungiendo como alcaldesa de Tecámac, Estado de México, avaló el sacrificio de más de 10,000 animales ferales resguardados en el Centro de Control Antirrábico.
Esto despertó un debate en redes sociales a favor y en contra.
A este respecto, comparto algunas ideas.
Debemos recordar a Mao Zedong, quien fue el primer presidente de la República Popular China y que, dentro de sus programas para acabar con el hambre, emprendió una guerra contra cuatro grandes plagas: ratas, moscas, mosquitos y GORRIONES.
El gobierno acusó a los gorriones de consumir grandes cantidades de granos, quitándoles a los seres humanos ese alimento. El discurso oficial señalaba que los gorriones eran “la peor plaga de China”.
La gente salió a las calles a espantar a las aves, impidiendo que se posaran en algún lugar, lo que provocó que murieran de cansancio, golpes, balazos, etcétera.
Se calcula que 1,000,000, así es, un millón de aves fueron exterminadas.
Biólogos estadounidenses publicaron un estudio que señalaba que los gorriones no solo comían granos, sino también gusanos, langostas, saltamontes y otros insectos. Dicho estudio fue avalado por biólogos chinos.
El presidente Zedong descalificó los señalamientos por provenir de Occidente. Incluso, se calificó de “anticomunistas” a quienes criticaron los programas gubernamentales.
La población de langostas y saltamontes comenzó a crecer y, aunado a otros desastres naturales, contribuyó a que la producción agrícola china cayera hasta un 70% respecto a lo producido en 1958.
Actualmente, a este episodio se le conoce como la “Gran Hambruna China”, en la que, según cifras “oficiales”, murieron 15 millones de personas.
Para combatir las plagas, se compraron grandes cantidades de insecticidas y se tuvieron que importar 200,000 gorriones desde Rusia.
Algunos estudiosos, sobre todo en China, consideran que el 30% de la hambruna fue provocada por fenómenos naturales y el 70% por decisiones gubernamentales.
Se trata del desastre más grande de la historia provocado por el ser humano.
Y en México también tenemos algo parecido. Andrés Manuel López Obrador (AMLO), siendo presidente de México (2018-2024), eliminó los presupuestos para el combate al gusano barrenador. Este gusano se alimenta de tejido vivo, incluido el humano. La mosca deposita huevos en heridas con sangre caliente; las larvas se alimentan de los tejidos y, a los siete días, caen al suelo por sí solas, dejando una fuerte inflamación, tejido dañado y posibles infecciones.
Al mes de abril de 2026, la presencia del gusano barrenador en México alcanza 21,000 casos registrados en 20 estados, y se han reportado 135 casos de miasis humana.
El actual gobierno de Claudia Sheinbaum calcula invertir cerca de 30 mil millones pesos y aproximadamente 6 años de trabajo para volver a controlar la plaga del gusano barrenador.
Queda claro que los animales, si bien no son prioridad frente a las necesidades humanas, su descuido y maltrato pueden generar problemas futuros para el ser humano. Por ello, una inversión modesta y constante en su bienestar es fundamental.
En los últimos años, gobiernos municipales han invertido en pequeñas clínicas para atender, sobre todo, a los animales de compañía.
A algunas personas les parece exagerado ese gasto; sin embargo, conviene recordar que perros y gatos pueden ser portadores de enfermedades como la rabia y la leptospirosis, que también afectan al ser humano.
De igual manera, los animales pueden ser huéspedes de garrapatas, chinches y pulgas, que pueden transmitir enfermedades como la de Lyme, por ejemplo.
El ser humano, con el paso de los años, se ha colocado como la especie dominante de la naturaleza. Este estatus no significa que pueda destruirla, sino que debe ser garante del respeto y la prosperidad de todos los seres vivos que habitan el planeta Tierra.



