Leonora Carrington: un viaje sagrado entre sueños, libertad y fantasía

A 15 años de su fallecimiento, el universo fantástico de Leonora Carrington vuelve a abrirse al público en la Ciudad de México con la exposición “Leonora Carrington: un viaje sagrado”, una muestra que reúne 60 obras y 20 fotografías de piezas de la artista británica nacionalizada mexicana que incluyen esculturas, joyas, litografías, dibujos y grabados en metal.

El Centro Vlady de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), será la casa de esta expo que estará disponible del 27 de agosto hasta el 9 de noviembre y se podrá visitar de manera gratuita de 10:00 a 18:00 horas de lunes a domingo.

Nacida en Lancashire, Inglaterra, en 1917, Carrington hizo de la libertad una de las grandes constantes de su vida y de su obra. A los 19 años abandonó su hogar y viajó a París, donde comenzó a relacionarse con el círculo surrealista y figuras como André Breton, Joan Miró, Pablo Picasso y Max Ernst. Después de atravesar una crisis nerviosa durante la Segunda Guerra Mundial, llegó a México en 1942, país que terminó convirtiéndose en su casa y en el escenario donde desarrolló buena parte de su particular lenguaje artístico.

Criaturas fantásticas, seres místicos, referencias mitológicas y paisajes que parecen surgir de los sueños habitaron sus pinturas, esculturas, dibujos y grabados. En México, además, estableció una estrecha amistad con Remedios Varo y construyó una identidad creativa que desdibujó las fronteras entre la realidad y la imaginación.

Bajo la curaduría de Fermín Llamazares, presidente del Consejo Leonora Carrington, la exposición propone precisamente acercarse a esa manera de entender el arte: como un territorio donde pueden convivir la literatura, el cine, la naturaleza, la vida cotidiana y los sueños.

Durante la inauguración de esta exposición, Llamazares recuperó una frase que Carrington compartió con la escritora Gloria Orenstein: “Es tiempo de exigir mi derecho de ave”. La expresión fue retomada como una metáfora de la libertad que la artista buscó a lo largo de su vida y que también quedó plasmada en su creación.

Para la UACM, el encuentro entre la obra de Carrington y el legado de Vlady permite tender puentes entre generaciones y distintas formas de creación, al tiempo que reafirma la vocación de sus espacios culturales como lugares abiertos a la ciudad.

La noche de la inauguración tuvo, además, una coincidencia que pareció salida de una de las propias obras de Carrington: un eclipse cubría la Luna mientras las puertas del Centro Vlady se abrían a su universo.

La exposición, integrada por piezas de la colección del Consejo Leonora Carrington, invita así a emprender un viaje sin mapas, donde cada visitante puede encontrar su propia puerta hacia lo imaginario. Porque quizá, como recordó Jorge Luis Rubio, frente a una obra de Carrington no siempre hace falta conocer la historia antes de contemplarla: a veces basta con mirarla para comenzar a volar.

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Redacción Nación Digital

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