Salvar la vida ya no basta: la nueva mirada sobre el cerebro de los bebés prematuros

Un cambio brusco de posición, una luz intensa, el ruido constante de los equipos o despertar a un bebé para realizarle procedimientos que podrían agruparse.

Acciones que parecen menores pueden representar una carga importante para un recién nacido prematuro, cuyo cerebro todavía se encuentra en pleno desarrollo.

Durante décadas, el gran desafío de la neonatología fue conseguir que estos bebés sobrevivieran.

Hoy, la conversación médica avanza hacia una segunda pregunta: ¿cómo lograr que también tengan las mejores oportunidades posibles de desarrollarse sin lesiones neurológicas graves?

Un cerebro que todavía no estaba listo para nacer

El cerebro de un bebé prematuro es especialmente vulnerable porque sus vasos sanguíneos aún son frágiles y los mecanismos que regulan el flujo de sangre no han terminado de madurar.

Los cambios súbitos en la presión, la oxigenación o la circulación pueden favorecer una hemorragia intraventricular, es decir, un sangrado dentro de las cavidades cerebrales.

No todos los casos tienen la misma gravedad.

Algunas hemorragias son pequeñas y pueden evolucionar favorablemente; otras provocan lesiones capaces de afectar el movimiento, la audición, la visión, el aprendizaje o el desarrollo cognitivo.

El riesgo es mayor entre los bebés que nacen con menor edad gestacional y peso.

Además, buena parte de estas hemorragias aparece durante los primeros días de vida, por lo que las primeras 72 horas constituyen una ventana especialmente delicada.

Esto no significa que todas las lesiones puedan evitarse ni que exista un protocolo capaz de garantizar un desarrollo sin secuelas.

Sin embargo, diversas investigaciones han encontrado que los paquetes de cuidados —con varias medidas aplicadas de manera coordinada— pueden disminuir la incidencia de hemorragias graves en bebés extremadamente prematuros.

La evidencia publicada por la Academia Estadounidense de Pediatría muestra que la constancia en estas prácticas puede marcar una diferencia importante.

Cuidar el cerebro está en los pequeños gestos

La neuroprotección neonatal reúne estrategias médicas, ambientales y humanas destinadas a reducir el estrés y proteger el cerebro en desarrollo.

Algunas requieren tecnología y vigilancia especializada, pero otras dependen principalmente de capacitación, coordinación y cambios en las rutinas hospitalarias.

Entre las medidas utilizadas durante las primeras horas se encuentran:

  • Conservar la cabeza del bebé en una posición alineada
  • Elevar cuidadosamente la cabecera
  • Evitar movimientos innecesarios
  • Agrupar las revisiones, la alimentación y otros procedimientos para no interrumpir su sueño constantemente

También implica controlar el dolor, mantener estables la temperatura, la oxigenación y la presión arterial, así como disminuir el ruido y ajustar la iluminación conforme madura el sistema sensorial del recién nacido.

La idea es sencilla de entender: un bebé prematuro no es un adulto pequeño ni un recién nacido a término en miniatura.

Su cerebro responde de otra manera a la luz, el sonido, el tacto, el dolor y los cambios físicos. Por eso, las rutinas de una Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UCIN) deben adaptarse a sus señales y no únicamente a los horarios del hospital.

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De atender por rutina a observar a cada bebé

Este es uno de los planteamientos centrales del libro Neuroprotección Neonatal: del cuidado al cerebro inmaduro a la prevención de la hemorragia intraventricular, escrito por el neonatólogo mexicano Carlos Armenta.

A lo largo de casi 600 páginas, la obra reúne y organiza evidencia científica que suele encontrarse dispersa para acercarla a médicos, enfermeras, terapeutas y demás personal que atiende a recién nacidos vulnerables.

El autor propone dejar atrás lo que denomina “neonatología administrativa”, aquella en la que todos los bebés son despertados, alimentados, revisados o manipulados a la misma hora por conveniencia de la operación hospitalaria.

En su lugar, plantea una atención basada en las necesidades de cada recién nacido. Para ello desarrolla el modelo de las cuatro C:

  • Cuidados centrados en el desarrollo y la familia
  • Evaluación continua del comportamiento
  • Cuidados agrupados para proteger el sueño
  • Cuidados guiados por las señales del bebé

En la práctica, esto supone aprender a observar cuándo un recién nacido está listo para ser alimentado, tocado o estimulado y cuándo muestra signos de estrés que obligan a hacer una pausa.

Las familias no son visitas

Otro de los cambios más relevantes consiste en incorporar a madres, padres y cuidadores como parte del equipo de atención, no como simples visitantes que permanecen al margen tras la incubadora.

El contacto piel con piel mediante el método canguro, la alimentación con leche materna y la participación de la familia pueden contribuir a regular la temperatura, favorecer la alimentación y disminuir el estrés del bebé.

La Organización Mundial de la Salud recomienda iniciar el método canguro lo antes posible en recién nacidos prematuros o con bajo peso, siempre con el acompañamiento y la vigilancia que requiera su condición clínica.

La OMS también ha reportado que su aplicación inmediata puede mejorar la supervivencia y reducir infecciones entre bebés prematuros o pequeños.

Esto no elimina la necesidad de cuidados intensivos; los complementa y cuestiona la antigua idea de que mantener a las familias alejadas es siempre la forma más segura de proteger al recién nacido.

La voz, el olor y el contacto de sus cuidadores forman parte del entorno conocido por el bebé. Integrarlos de manera segura y supervisada puede hacer que la UCIN sea un espacio menos agresivo para un sistema nervioso inmaduro.

Neuroprotección sin depender de equipos millonarios

Uno de los aspectos más interesantes de la propuesta es que muchas medidas no dependen de adquirir aparatos de última generación.

Reducción de ruido y luz, respeto al sueño, eliminación de manipulaciones innecesarias, mejora de la postura y escucha de las señales del bebé son prácticas que pueden aplicarse incluso en hospitales con recursos limitados.

Eso no significa que la tecnología sea prescindible ni que todas las unidades puedan ofrecer la misma atención sin inversión.

La vigilancia especializada, el personal suficiente, los medicamentos y el soporte respiratorio continúan siendo fundamentales. Pero una parte de la neuroprotección también depende de hábitos clínicos consistentes y de equipos correctamente capacitados.

Ahí aparece el concepto de “equidad neonatal” que atraviesa el libro: que la posibilidad de proteger el cerebro de un recién nacido no quede determinada únicamente por el hospital o la condición económica de la familia.

Manuales gratuitos para llevar la evidencia a la UCIN

El libro fue presentado el 6 de agosto de 2026 ante especialistas en pediatría, neonatología, obstetricia y neurología.

Durante el encuentro, Armenta anunció la preparación de tres manuales prácticos que se distribuirán gratuitamente en América Latina.

Uno estará dirigido a residentes y especialistas; otro reunirá más de 30 estrategias para enfermería y personal de apoyo, y el tercero buscará orientar a las áreas administrativas en la creación de procesos de calidad.

También se proyectan dos cursos virtuales para médicos, enfermeras y terapeutas.

La utilidad de la iniciativa dependerá de que esos materiales lleguen efectivamente a las unidades, conserven el rigor científico y puedan adaptarse a hospitales con realidades muy diferentes.

El reto no termina al publicar la información: será necesario capacitar, medir resultados y comprobar que las recomendaciones se traduzcan en mejores prácticas.

La neuroprotección neonatal no promete eliminar todos los riesgos de la prematuridad.

Su importancia está en reconocer que cada procedimiento, cada estímulo y cada hora de descanso pueden influir en un cerebro que aún debía permanecer dentro del útero.

Porque salvar a un bebé prematuro es el primer gran logro. Procurar que esa vida pueda desarrollarse con la mayor plenitud posible es el desafío que sigue.

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Eliesheva Ramos

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