El estallido dura apenas unos segundos. La recuperación, en cambio, puede prolongarse durante meses o dejar daños permanentes.
En las celebraciones patrias, el uso de cohetes y fuegos artificiales incrementa hasta 35% los accidentes, principalmente las quemaduras entre niñas, niños y adolescentes, de acuerdo con la Secretaría de Salud.
El riesgo no se limita a quien enciende la mecha. Una chispa, una explosión fuera de control o un artefacto que cambia inesperadamente de dirección también puede alcanzar a quienes observan desde cerca.
De las lesiones relacionadas con fuegos artificiales, 36% ocurre en las manos; 23%, en los ojos; 22%, en la cabeza, el rostro y las orejas, y 19%, en otras partes del cuerpo.
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Quemaduras, amputaciones y daños en la visión
Los productos pirotécnicos pueden provocar quemaduras por fuego directo, pero sus consecuencias van mucho más allá de una lesión en la piel, advierte Juan Antonio Ugalde Vitelly, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Reconstructiva del Hospital General de México “Dr. Eduardo Liceaga”.
La explosión puede ocasionar la pérdida de dedos o manos y, cuando ocurre cerca del rostro, producir lesiones severas e incluso pérdida de la visión.
En niñas, niños y adolescentes, las quemaduras graves y extensas también pueden dejar secuelas anatómicas o funcionales, como la disminución de movilidad cuando las articulaciones resultan afectadas.
A ello se suma el impacto emocional.
Una quemadura grave es uno de los traumas más severos que puede experimentar una persona y, en muchos casos, tanto el paciente como su familia necesitan acompañamiento psicológico durante la recuperación.
A largo plazo, estas lesiones constituyen una causa importante de enfermedad, pueden requerir hospitalizaciones prolongadas y dejar desfiguración, discapacidad o pérdida de alguna función corporal.
Por ello, el tratamiento de pacientes pediátricos debe ser integral e involucrar, según cada caso, a especialistas en cirugía plástica, infectología, medicina general y psicología.
Y los cohetes no son el único peligro de la noche. Durante las reuniones también se registran quemaduras por líquidos y alimentos calientes, entre ellos el pozole.
Una olla al alcance de los niños, un plato derramado o el movimiento entre muchas personas puede ser suficiente para provocar un accidente.

El cuidado comienza cuando se apaga el cohete
Una quemadura no termina cuando desaparece el dolor o cuando se apaga el artefacto que la provocó, explica el doctor Conrado Polanco Ortiz, especialista en el tratamiento de heridas y gerente de Relaciones Médicas de Esteripharma.
“A partir de ese momento comienza el cuidado de la herida, y una de las prioridades es evitar que se complique o se infecte”.
Una quemadura rompe la barrera natural de protección de la piel, por lo que mantener limpia la zona y observar su evolución resulta fundamental.
También es importante no confiarse por su apariencia inicial: una lesión que parece pequeña puede complicarse, mientras que una herida profunda o extensa no debe tratarse únicamente con cuidados en casa.
Si la quemadura es de segundo o tercer grado, afecta una zona amplia o presenta características que hagan sospechar una lesión grave, se debe acudir inmediatamente a un servicio médico o de urgencias.
Las lesiones en ojos, rostro, manos o articulaciones también requieren especial atención por el riesgo de comprometer funciones esenciales.
“Identificar la gravedad y actuar de manera adecuada es parte de una buena atención”, señala el especialista.
La herida debe vigilarse durante todo el proceso de recuperación y no sólo mientras exista dolor.
Un botiquín ayuda, pero no sustituye al médico
Tener un botiquín básico en casa permite reaccionar con mayor rapidez ante heridas menores. Puede incluir gasas estériles, vendas y alguna solución antiséptica, incluidas las electrolizadas de superoxidación con pH neutro, para limpiar la zona afectada.
De acuerdo con el doctor Polanco Ortiz, estas soluciones pueden ayudar a mantener limpia la zona afectada y son aptas para niños y adultos. Sin embargo, su aplicación no sustituye la valoración médica, especialmente cuando la quemadura es profunda, extensa o afecta áreas sensibles del cuerpo.
La prevención sigue siendo la medida más efectiva: evitar que los menores manipulen cohetes, mantenerlos alejados del lugar donde se encienden, proteger también a quienes observan y colocar ollas y recipientes calientes fuera de su alcance.
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