Prevención del suicidio en el trabajo: así puedes salvar una vida

A veces la primera señal no es una frase explícita sobre querer morir. Puede ser una llamada para hablar de una deuda, un divorcio, un diagnóstico médico o la muerte de una mascota.

También puede manifestarse como aislamiento, cambios de conducta, dificultades para dormir o una expresión aparentemente casual: “Ya no puedo más”, “quisiera desaparecer” o “nada tiene solución”.

Descubrimiento casual

Más de la mitad de las personas con ideación suicida atendidas por Orienta durante los últimos siete años se acercó inicialmente por un asunto distinto, reveló María Eugenia Salgado, psicóloga y directora de Experiencia a Usuarios de esta compañía especializada en programas de asistencia.

“Llamaron a nuestro departamento de finanzas para ver lo del crédito o los atrasos; llamaron porque se estaban divorciando o porque murió su mascota”, explicó durante una conferencia con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

El dato revela uno de los grandes retos de la prevención: el sufrimiento no siempre se presenta con nombre y apellido. Muchas veces se esconde detrás de problemas que, vistos desde fuera, podrían parecer pasajeros o solucionables.

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Más de 8 mil muertes por suicidio en un año

En 2025 ocurrieron y se registraron en México 8 mil 709 defunciones por suicidio, equivalentes a una tasa nacional de 6.7 por cada 100 mil habitantes, de acuerdo con cifras preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas del INEGI.

Los hombres concentraron 79.9% de las defunciones. La tasa fue de 10.9 por cada 100 mil hombres, frente a 2.6 entre las mujeres. El grupo de 15 a 29 años presentó la tasa más alta, con 10.2 casos por cada 100 mil personas de esa edad.

El problema, además, ha crecido durante la última década. Según el INEGI, la tasa nacional pasó de 5.1 suicidios por cada 100 mil habitantes en 2015 a 6.7 en 2025.

Chihuahua registró la tasa más elevada, con 13.8; seguido de Yucatán, con 13.7, y Aguascalientes, con 12 por cada 100 mil habitantes. En contraste, las tasas más bajas se presentaron en Guerrero, con 2; Chiapas, con 3.8, y Veracruz y Baja California, ambos con 4.7.

El “suicidio escondido”

A partir de más de 5 mil atenciones relacionadas con suicidio durante los últimos siete años, Orienta detectó lo que Salgado denomina “suicidio escondido”.

El “suicidio escondido” se refiere a pensamientos de muerte que no se expresan directamente y que pueden permanecer detrás de preocupaciones laborales, económicas, familiares o de salud.

Actualmente, explicó, la compañía recibe en promedio dos consultas diarias relacionadas con este tema —aproximadamente una cada 12 horas— y realiza alrededor de una intervención en crisis por semana.

“Siete de cada 10 usuarios que nos llaman han manifestado pensamientos relacionados con la muerte o con la posibilidad de quitarse la vida”, detalló Salgado.

Otra particularidad de sus registros es que las llamadas de hombres y mujeres representan proporciones similares. Esto contrasta con las cifras nacionales de mortalidad del INEGI, mucho mayores entre la población masculina.

Para Salgado, esta diferencia puede estar relacionada con la disponibilidad de un espacio confidencial en el que los hombres pueden expresar un sufrimiento que culturalmente suelen callar.

“Se sienten con la confianza y con el apoyo profesional, ético y confidencial para trabajar situaciones que les duelen. Culturalmente venimos de un lugar donde el hombre cree que no tiene derecho a ser vulnerable”, afirmó.

Este hallazgo tampoco significa que la incidencia sea igual entre hombres y mujeres en todo el país: describe a quienes han solicitado el acompañamiento de la organización.

Foto de Eva Blue en Unsplash.

Preguntar “¿cómo estás?” y estar dispuesto a escuchar

¿Qué puede hacer una persona sin formación en psicología? Para Mabel Cuevas, directora de Operaciones de Orienta, el primer paso consiste en no pasar de largo cuando alguien cambia.

“El entorno laboral facilita detectar cambios de conducta porque pasamos mucho tiempo en las organizaciones y creamos redes. Podemos notar que alguien no se está sintiendo bien, que modificó sus hábitos, que se aísla o que se ve diferente”, explicó.

No se trata de diagnosticar ni de asumir el papel de terapeuta. Se trata de observar, acercarse y preguntar con interés genuino.

“Muchas veces preguntamos ‘¿cómo estás?’ sin la intención de que realmente nos respondan. Pero cuando alguien contesta que no está bien, tampoco estamos preparados para escuchar algo distinto del ‘bien, gracias’”, señaló Cuevas.

Salgado lo resumió en una idea sencilla: “Muchas veces, lo único que necesita una persona para comenzar a encontrar otra salida es sentirse vista: te reconozco, te veo, te escucho”.

Escuchar no significa prometer que todo se resolverá, minimizar el dolor ni responder con frases como “échale ganas”, “hay personas que están peor” o “no tienes motivos para sentirte así”.

Tampoco supone cargar en solitario con la situación. La tarea de un amigo, familiar o compañero es permanecer cerca y ayudar a conectar a la persona con atención profesional.

“Se vale no saber y no tener todas las herramientas para acompañar”, reconoció Salgado. “El error sería pasar de largo o no comenzar a prepararnos”.

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Los problemas “pequeños” pueden acumularse

Las crisis no siempre tienen una sola causa.

Una deuda que quita el sueño, un diagnóstico médico, conflictos de pareja, violencia, discriminación, sobrecarga laboral, soledad o un duelo pueden acumularse hasta producir la sensación de que no existe una salida.

“La muerte de una mascota no es solamente la muerte de una mascota; importa lo que representaba para el bienestar emocional de esa persona”, ejemplificó Salgado.

Por ello, aconsejó no juzgar el tamaño de un problema desde fuera. Algo que para una persona parece manejable puede ser el golpe que rebasa los recursos emocionales de otra.

“Hay personas que llegan a pensar que el dolor es demasiado o que las herramientas que tienen ya no son suficientes. Buscan una solución permanente para situaciones que pueden ser temporales”, explicó.

Esta “visión de túnel” puede impedir que la persona reconozca alternativas, de ahí la importancia de que alguien más permanezca cerca, escuche y ayude a movilizar una red de apoyo.

En el trabajo también se pueden salvar vidas

Uno de los casos compartidos durante la conferencia fue el de un trabajador de Recursos Humanos que se sentía rechazado por su jefa, excluido por sus compañeras y profundamente aislado.

Después de detectar el riesgo, se articuló una red de apoyo con la empresa. La jefa se acercó para explicarle con mayor claridad las observaciones sobre sus proyectos y sus compañeras comenzaron a incluirlo en distintas actividades.

Con el acompañamiento profesional y los cambios en su entorno, la ideación fue disminuyendo.

El caso, aclararon las especialistas, no significa que una invitación o una conversación basten para resolver una crisis, sino que la cercanía puede convertirse en uno de varios factores de protección cuando forma parte de una intervención estructurada.

“Como líder no tengo por qué saber exactamente cómo ayudar, pero sí puedo abrir la puerta y acercar las herramientas para que esa persona pida apoyo en los canales adecuados”, sostuvo Cuevas.

El seguimiento es indispensable. “Una llamada puede contener a alguien y evitar que tome una decisión durante una crisis, pero después continúa mucho trabajo: canalización, creación de redes de apoyo y seguimiento”, añadió.

Sobrecarga laboral y falta de equilibrio

El estudio Factor Wellbeing 2025, presentado por Iván Guerrero, director de Soluciones Integrales del Instituto de Ciencias del Bienestar Integral de la Universidad Tecmilenio, reunió las respuestas de más de 24 mil trabajadores pertenecientes a 80 empresas mexicanas.

Sus resultados muestran que 80% de los participantes se sentía sobrecargado de trabajo y solamente 59% consideraba que podía armonizar su vida laboral con la personal y familiar.

Al mismo tiempo, 72% afirmó que su líder mostraba un interés genuino por su bienestar. Para Guerrero, el reto es convertir ese interés en acciones y conversaciones concretas.

“No basta con preguntar ‘¿cómo estás?’ y conformarnos con que nos respondan ‘bien’. Hay que preguntar cómo está su carga de trabajo, si está afectando su relación familiar o qué arreglo podemos hacer para que logre desconectarse al terminar la jornada”, explicó.

Entre las empresas participantes, 94% ofrecía servicios de salud y campañas de sensibilización; 84% contaba con atención psicológica presencial o a distancia, y 82% realizaba diagnósticos de riesgo psicosocial.

Estos porcentajes corresponden a las 80 organizaciones incluidas en el estudio, no a la totalidad de las empresas mexicanas.

Guerrero también subrayó que el autocuidado de quienes dirigen equipos importa: “Si yo como líder me cuido y, desde ese cuidado, también cuido a los demás, puedo crear mejores condiciones para que mi equipo se desempeñe y se sienta mejor”.

¿Cómo podemos ayudar?

Prevenir un suicidio no exige tener todas las respuestas, pero sí tomarse en serio el sufrimiento de la otra persona.

Observar un cambio marcado de conducta, aislamiento, desesperanza, alteraciones importantes en los hábitos o expresiones relacionadas con desaparecer o dejar de vivir debe motivarnos a acercarnos.

Es importante escuchar con calma, sin discutir, regañar ni minimizar; preguntar de manera clara cómo se siente y ayudar a contactar a familiares, personas de confianza o servicios profesionales.

Si existe un riesgo inmediato, la persona no debe quedarse sola. Es necesario solicitar apoyo de emergencia y permanecer con ella mientras llega la ayuda.

“Todos podemos hacer algo”, concluyó Salgado. “A veces se necesita una escucha, alguien que nos vea y nos haga sentir: qué bueno que estás en este mundo”.

Si tú o alguien cercano atraviesa una crisis emocional o tiene pensamientos de suicidio, en México puede comunicarse gratuitamente a la Línea de la Vida, al 800 911 2000, disponible las 24 horas. Ante un riesgo inmediato, llama al 911.

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