La inteligencia artificial ya puede ayudar a redactar, ordenar información y automatizar tareas.
Pero, para Vieri Figallo, su valor en el trabajo no consiste en dejar que piense por nosotros, sino en aprovecharla para hacer mejor y más rápido aquello que requiere criterio humano.

En su agencia, explica en entrevista con Nación Digital, la tecnología ha agilizado procesos administrativos y financieros.
Pone como ejemplo la elaboración de proyecciones y el análisis de información: tareas que antes podían tomar una semana ahora se resuelven con mayor rapidez al integrar los datos en tableros y apoyarse en herramientas de inteligencia artificial.
En el trabajo publicitario también permite producir más materiales en menos tiempo.
La velocidad, sin embargo, no equivale a delegar por completo.
Figallo sostiene que la herramienta puede amplificar una idea, pero no sustituir el pensamiento que permite encontrarla. Antes de pedirle una solución, alguien tiene que entender el problema y decidir qué quiere comunicar.
Primero el criterio, después la herramienta
Esa diferencia se vuelve especialmente importante en el trabajo creativo.
Figallo no permitiría que la inteligencia artificial resolviera por sí sola un brief, es decir, el documento que define el reto y orienta una propuesta.
Si varias agencias plantean la misma pregunta a una herramienta, advierte, pueden recibir respuestas parecidas.
La tecnología puede ayudar a desarrollar una idea, pero la forma de abordar el problema debe nacer del equipo.
También hay que revisar lo que la IA produce.
Como ejemplo, Figallo cuenta que al pedir una imagen de una “mujer exitosa” la respuesta suele mostrar a una ejecutiva con traje sastre y los brazos cruzados.
Esa representación no describe todas las experiencias de éxito: refleja los estereotipos presentes en los datos con los que se alimentan las herramientas.
Por eso, quien las usa sigue siendo responsable de comprobar la información antes de incorporarla a un correo, una presentación o una propuesta.
La IA puede responder con seguridad y aun así equivocarse o reproducir sesgos. La revisión humana no es un paso accesorio: forma parte del trabajo.
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Capacitación para empresas y trabajadores
Para Figallo, las empresas tienen una responsabilidad concreta en esta transición.
“La empresa tiene que pagar las herramientas y la capacitación de sus colaboradores”, afirma.
También considera que prohibir su uso puede frenar el desarrollo profesional de los equipos, mientras que permitirlo sin orientación corre el riesgo de producir mensajes parecidos y poco diferenciados.

En su agencia, incorporaron recientemente a dos programadores sénior para desarrollar campañas que combinan comunicación y tecnología.
También trabajan en la creación de agentes que automaticen procesos repetitivos, sobre todo en el área administrativa.
Quienes quieran empezar por cuenta propia pueden tomar un curso acorde con sus conocimientos y probar distintas herramientas en tareas concretas.
Figallo recomienda experimentar: identificar qué actividades manuales o repetitivas podrían agilizarse, ensayar distintas instrucciones y verificar si el resultado realmente sirve.
En su experiencia, las versiones de pago ofrecen más posibilidades, aunque la herramienta elegida debe responder a las necesidades de cada trabajo.
Más rapidez también puede significar más presión
La promesa de terminar antes tiene un reverso. Si una tarea se resuelve con mayor rapidez, clientes y equipos pueden empezar a pedirla para el día siguiente en lugar de conceder varios días.
Figallo reconoce que la IA puede agilizar procesos sin reducir la jornada: en ocasiones, simplemente deja espacio para recibir más encargos.
Esa tensión merece formar parte de la conversación laboral. La tecnología puede aumentar la capacidad de respuesta, pero también elevar las expectativas de disponibilidad y velocidad.
Para aprovecharla sin convertir cada ahorro de tiempo en otra tarea, hacen falta acuerdos sobre plazos, cargas y prioridades.
El consejo de Figallo no es confiar ciegamente en la inteligencia artificial ni apartarse de ella. Es aprender a integrarla: usarla para acelerar procesos, mantener la iniciativa humana en la resolución de problemas y revisar cada resultado antes de entregarlo.
En ese equilibrio, afirma, puede estar una parte importante del valor profesional que las personas aporten en los próximos años.
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