Virginia Ferrer
Entre sombras, criaturas sobrenaturales y héroes enmascarados, el cine mexicano construyó un universo donde el terror y la ciencia ficción encontraron un escenario propio: Los Estudios Churubusco.

A 70 años del rodaje de Ladrón de cadáveres (1956), de Fernando Méndez, Estudios Churubusco recuerda cómo sus foros y talleres dieron vida a algunas de las historias más emblemáticas del cine de luchadores, un género que llevó la imaginación mexicana a las pantallas.
Filmada en 1956, Ladrón de cadáveres marcó un momento decisivo al combinar suspenso, experimentos científicos y lucha libre. La historia de un hombre que robaba cadáveres para crear un ser superior reunió a figuras como Wolf Ruvinskis, Columba Domínguez y Crox Alvarado, en una producción que destacó también por su fotografía en blanco y negro, a cargo de Víctor Herrera, y las escenografías de Gunther Gerzso.
A partir de entonces, los héroes del cuadrilátero encontraron nuevos adversarios más allá de las arenas deportivas. Vampiros, zombis, hombres lobo, científicos enloquecidos y criaturas de otros mundos comenzaron a formar parte de sus aventuras.

Entre ellos destacó Santo, el Enmascarado de Plata, cuya primera película filmada en Estudios Churubusco fue Santo contra los Zombies, en 1961. Su universo cinematográfico también lo enfrentó a personajes como Drácula, Frankenstein, La Llorona y las momias de Guanajuato.
Pero detrás de esos mundos fantásticos existía otro espectáculo: el trabajo artesanal de quienes transformaban los escenarios y personajes. Escenógrafos, maquillistas, vestuaristas y utileros construían castillos con unos cuantos materiales, recreaban selvas y desiertos o convertían los rostros de los actores en criaturas aterradoras. Los testimonios de trabajadores que formaron parte de los estudios dan cuenta de cómo estas técnicas evolucionaron a lo largo de las décadas.

Con 80 años de historia, Estudios Churubusco ha sido escenario de más de tres mil producciones cinematográficas y audiovisuales. Sus instalaciones abarcan 60 mil metros cuadrados, nueve foros, 167 oficinas de producción y seis salas de postproducción de sonido, espacios donde la creatividad de generaciones de artistas y técnicos ha permitido llevar a la pantalla historias de distintas épocas y géneros.
Parte de esa memoria puede conocerse en la exposición permanente La piel de las películas, ubicada en la Bodega A del complejo. En sus 342 metros cuadrados reúne cerca de mil prendas de vestuario, 250 objetos de arte y un centenar de muebles utilizados en diferentes producciones, piezas que permiten descubrir los detalles que normalmente permanecen detrás de las cámaras y que también forman parte de la historia del cine nacional.
A siete décadas de que el terror subiera al cuadrilátero con Ladrón de cadáveres, los Estudios Churubusco mantienen vivo ese legado de imaginación, oficio y creatividad que convirtió lo imposible en arte cinematográfico.

Fotos: Cortesía Archivo Estudios Churubusco



