Existen restaurantes en donde la experiencia gastronómica se potencia porque el espacio también cuenta una historia.
Eso ocurre con Gori Gori, el proyecto que pasó de conquistar a los amantes del ramen desde el delivery durante la pandemia a abrir su primer restaurante físico dentro del Edificio Ermita, uno de los inmuebles más emblemáticos de la Ciudad de México.
Ubicado en Av. Jalisco 145, Local 14, en Tacubaya, este restaurante no solo sirve tazones humeantes de ramen: también propone un punto de encuentro donde la gastronomía asiática, la cultura pop japonesa y la creatividad local conviven todos los días.

Un ícono de la ciudad como escenario
Antes de hablar del menú vale la pena mirar hacia arriba.
El Edificio Ermita forma parte de la historia arquitectónica de la capital. Considerado uno de los primeros rascacielos de la Ciudad de México, el inmueble fue concebido como un proyecto moderno para su época y con el paso de las décadas se convirtió en un referente urbano.

En 2023 fue sometido a una remodelación integral para devolverle el esplendor de sus primeros años, respetando su valor histórico y artístico como Patrimonio Artístico de la Ciudad.
Hoy, además de departamentos y espacios comerciales, el edificio vive una nueva etapa al recibir proyectos independientes que le dan otra vida a sus pasillos.
Entre ellos está Gori Gori.
Del delivery a uno de los ramen más queridos
Hace seis años, cuando la pandemia cambió la manera de comer y convivir, nació Gori Gori con una idea sencilla: preparar un buen ramen para llevar.
Lo que comenzó como un proyecto de entrega a domicilio fue creciendo hasta convertirse en una comunidad que encontró en la cocina japonesa un lenguaje propio.
Detrás del concepto están Sergio Su y Rodrigo Cortés, quienes decidieron alejarse de la rigidez de las recetas tradicionales para crear un menú donde la inspiración asiática dialoga con los sabores mexicanos.

Por eso aquí es posible encontrar desde el ya clásico Gori Ramen hasta propuestas como el Birriamen, que combina uno de los platillos más populares del país con la técnica japonesa, o el Gori Diablo, una versión seca para quienes prefieren los fideos sin caldo.
También hallarás ramen con esquites. Una fusión de fideos de trigo, elotitos tiernos, queso cotija, mayonesa y una mezcla en polvo de chiles ahumados y, claro, un poco de limón.
Pide también los esquites con suadero o camarón, los cuales sirven en recipientes de 460 mililitros.
La propuesta es divertida, sin pretensiones y con una identidad que ellos mismos resumen como “el ramen más chilango”.
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¿Con caldo o seco?
Una de las mejores cosas de visitar Gori Gori es que no existe una única manera de disfrutar la experiencia.
Puedes pedir un ramen tradicional con caldo, ideal para esos días lluviosos o cuando simplemente buscas algo reconfortante. O lanzarte por un ramen seco, donde la salsa abraza cada fideo y el protagonismo cambia completamente.
Además, pueden servirlos en vaso para sorberlo y saborearlo.

Mientras esperas tu orden, es muy probable que en las bocinas suene música como “Starring Star”, el segundo ending de la serie Dragon Ball Super interpretada por Adrián Barba, o canciones del pop contemporáneo como “Stateside” de PinkPantheress.
La selección musical termina de construir una atmósfera donde el anime, el K-pop y la cultura japonesa se mezclan con el espíritu relajado de la ciudad.
Aunque el ramen es la excusa perfecta para llegar, Gori Gori quiere convertirse en un espacio donde siempre esté pasando algo.
Más que un restaurante
Su agenda incluye talleres, colaboraciones con artistas, karaoke otaku, retas geek y distintas experiencias que fortalecen la comunidad que han construido desde redes sociales.
Hace apenas unos días realizaron un taller junto a Mareo Flores, una sesión donde hubo creatividad, risas, ramen y hasta una que otra herida futbolera transformada en arte.
Algunas de las piezas creadas durante esa colaboración hoy forman parte del restaurante y pueden verse sobre las mesas, integrándose al espacio como pequeños recuerdos de quienes han pasado por ahí.
Es un detalle que resume muy bien la filosofía del lugar: la comida puede reunir personas, pero las experiencias son las que hacen que quieran volver.

Hasta el baño merece atención
Hay restaurantes donde el baño es un simple trámite y otros donde se convierte en parte de la experiencia. En Gori Gori ocurre lo segundo.
Apenas cruzas la puerta parece que entraste a una mini discoteca: una bola de espejos cuelga del techo mientras las luces y decenas de stickers en las paredes hacen que no sepas ni para dónde voltear.
Cada rincón tiene algún detalle curioso, pero el protagonista es, sin duda, el portapapel higiénico, una réplica de una cámara fotográfica antigua que termina de darle personalidad al espacio.
Para quienes son amantes del selfie en los baños, este es un must.
Un lugar para quedarse
En una ciudad donde constantemente abren nuevos restaurantes, pocos logran construir una identidad tan clara como Gori Gori.
Su llegada al Edificio Ermita no solo representa un cambio de dirección; también demuestra cómo un edificio histórico puede convertirse en el hogar de proyectos contemporáneos que mantienen viva la ciudad.
Así que si andas por Tacubaya y buscas un buen tazón de ramen —con caldo o seco—, este rincón es una parada obligada.
Gori Gori
Av. Jalisco 145, Local 14, Edificio Ermita, Tacubaya, Ciudad de México.
WhatsApp: 55 1494 4667.
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