Cada 8 de agosto se conmemora el Día Internacional del Orgasmo Femenino.
Esta celebración surgió a principios de los años 2000 en Esperantina, Brasil, con el objetivo de abrir la conversación sobre el placer femenino y reconocerlo como una parte importante del bienestar.
Con el tiempo, la fecha se convirtió en un llamado global para derribar prejuicios, impulsar la educación sexual y recordar que conocer el propio cuerpo también es una forma de autocuidado.
Cuando se trata de alcanzar el orgasmo, todavía existe una diferencia importante: mientras el 95% de los hombres heterosexuales alcanza el clímax durante las relaciones sexuales, la cifra baja al 65% entre las heterosexuales.
Sin embargo, muchas mujeres que encuentran dificultades durante los encuentros en pareja sí logran llegar al orgasmo mediante la autoexploración, lo que confirma la importancia de descubrir qué funciona para cada cuerpo.

¿De verdad existe?
A algunas les llegó antes de los 20. Otras lo conocieron después de los 30. Muchas pasaron años preguntándose si aquello que aparecía en las películas —con gritos, fuegos artificiales y una sincronización sospechosamente perfecta— existía de verdad.
El orgasmo femenino no siempre llega tarde. Pero, cuando lo hace, rara vez es porque el cuerpo haya olvidado cómo sentir placer.
Con frecuencia, el retraso tiene detrás una combinación menos misteriosa: poca educación sexual, desconocimiento del propio cuerpo, encuentros concentrados en la penetración y una enorme dificultad para decir en voz alta “así sí” o “así no”.
Una encuesta realizada por Gleeden entre 15 mil 600 usuarias encontró un dato revelador: 75% dijo haber experimentado su primer orgasmo después de los 25 años.
El resultado no puede extenderse a todas las mexicanas, pues se trata de una consulta entre usuarias de una plataforma de relaciones no monógamas y citas extramaritales, no de una muestra representativa de la población nacional.
Aun así, pone sobre la mesa —y sobre la cama— una conversación que durante demasiado tiempo se quedó debajo de las sábanas.
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Llegar tarde al propio cuerpo
Mientras aprendemos desde jóvenes sobre menstruación, embarazos e infecciones de transmisión sexual, el placer suele quedar fuera de la conversación.
Sabemos cómo evitar consecuencias, pero no necesariamente cómo conocer el cuerpo, comunicar deseos o identificar lo que nos gusta.
La encuesta de Gleeden parece confirmar ese silencio: 67% de las participantes afirmó que nunca habla sobre sexo y autoestimulación con sus amigas o familiares. El 33% restante sólo lo ha hecho algunas veces.
Brecha orgásmica
El problema no es únicamente que se hable poco, sino que durante años se ha repetido un guión bastante limitado: la penetración ocupa el centro de la escena, el orgasmo masculino anuncia el final y, si alguien se quedó a medio camino, mejor suerte para la próxima función.
La investigación científica llama a esta desigualdad orgasm gap o brecha del orgasmo.
Un artículo publicado en 2025 en Archives of Sexual Behavior retoma datos según los cuales los hombres heterosexuales alcanzan el orgasmo en 86% de los encuentros con una pareja conocida, frente a 62% de las mujeres heterosexuales.
La diferencia no parece estar escrita en la anatomía, sino en las prácticas y expectativas que rodean al sexo.
Otro estudio, publicado en la misma revista, encontró que las mujeres lesbianas reportan orgasmos con mayor frecuencia que las heterosexuales: 86% frente a 65%. El cuerpo, por lo visto, no es el problema.

El clítoris no es un personaje secundario
La penetración puede resultar placentera, pero convertirla en protagonista absoluta deja fuera al principal órgano relacionado con el placer femenino: el clítoris.
De acuerdo con el boletín de DKT México y Condones Prudence, 96% de las mujeres identifica la estimulación del clítoris —sola o acompañada de penetración— como la vía más confiable para alcanzar el orgasmo.
Entre las usuarias consultadas por Gleeden, 75% señaló la estimulación del clítoris acompañada de penetración como la práctica que más les ayuda a llegar.
Además, 76% dijo alcanzar el orgasmo mediante la autoestimulación, mientras que 55% lo consigue al tener sexo con otra persona.
La masturbación lleva ventaja. No porque tenga poderes sobrenaturales, sino porque quien conoce su cuerpo suele saber dónde, cómo, con qué ritmo y durante cuánto tiempo estimularlo.
No hay telepatía ni examen sorpresa: hay información.
También ayuda recordar que el preámbulo no es la sala de espera del “sexo verdadero”. Todas las participantes de la encuesta de Gleeden lo consideraron vital o sumamente importante para alcanzar el orgasmo.

Seis de cada diez lo han fingido
Hay otro dato que merece menos risas nerviosas y más conversación: seis de cada diez participantes dijeron haber fingido un orgasmo alguna vez. Un 12% lo ha hecho en la mitad de sus encuentros y 6% casi siempre.
La principal razón fue que su pareja no escucha lo que desean, mencionada por 50%. Otro 20% aseguró hacerlo para terminar rápido ante la falta de apetito sexual, mientras 13% reconoció que le cuesta expresar lo que le gusta.
Fingir puede resolver momentáneamente una escena incómoda, pero también manda una instrucción equivocada: hace creer que algo funciona cuando en realidad no. Es, por decirlo suavemente, aplaudir una obra con la esperanza de que pronto baje el telón.
La encuesta añade un dato provocador: 44% afirmó tener orgasmos más intensos y duraderos con su amante, frente a 33% que los experimenta con su pareja.
Antes de concluir que la infidelidad tiene propiedades terapéuticas, conviene recordar de dónde procede la información: Gleeden es una plataforma especializada en encuentros extramaritales. Sus resultados describen a sus usuarias, no a todas las mujeres.
Sin embargo, el hallazgo abre una pregunta interesante: ¿en los encuentros fuera de la rutina se habla más, se explora con mayor libertad o se presta más atención al placer?

No hay un orgasmo “correcto”
Tampoco existe un orgasmo universal. Puede ser intenso, discreto, breve, prolongado o diferente de una ocasión a otra. El estrés, las hormonas, la confianza, el estado de ánimo, la relación con el propio cuerpo y el tipo de estimulación pueden modificar la experiencia.
La cultura popular y la pornografía han vendido la idea de que el orgasmo debe ser inmediato, evidente y espectacular. En la vida real no siempre hay gritos, piernas temblorosas ni música de fondo. A veces es una sensación mucho más sutil, y eso no la vuelve menos válida.
Durante mucho tiempo aprendimos que la sexualidad debía seguir un mismo guión, donde el orgasmo masculino marcaba el final del encuentro. Hoy sabemos que esa idea deja fuera las necesidades y el placer de muchas mujeres, cuenta Denisse Flores, educadora sexual y coordinadora de Programas Sociales en DKT México y Condones Prudence.
El Orgasm Gap no habla de una diferencia biológica, sino de la oportunidad que tenemos de transformar la manera en que vivimos la sexualidad: con más información, más comunicación y entendiendo que el placer femenino también es un indicador de bienestar y de salud.
Hablar del orgasmo femenino no es un tabú, es una conversación necesaria para construir relaciones más equitativas y satisfactorias”, añade Flores.

Esta sección puede entrar después de “El clítoris no es un personaje secundario” y antes de “Seis de cada diez lo han fingido”:
Cinco retos que todavía se interponen entre las mujeres y el orgasmo
Para Denisse Flores, educadora sexual y coordinadora de Programas Sociales en DKT México y Condones Prudence, cerrar la brecha del orgasmo exige cambiar varias ideas que durante años se presentaron como verdades incuestionables. Estos son los cinco grandes pendientes:
1. Cambiar el viejo guión sexual
Durante mucho tiempo se normalizó una historia con muy poca imaginación: la penetración ocupa el centro del encuentro y el orgasmo masculino anuncia el final. Se acabó. Gracias por asistir.
Ese modelo deja poco espacio para reconocer que el placer femenino puede necesitar más tiempo, otro ritmo y estímulos en zonas como el clítoris, la vulva, los senos y los pezones, además del sexo oral.
La penetración puede formar parte del encuentro, pero no tendría que cargar sola con toda la trama.
2. Darle al clítoris el papel protagónico
El clítoris no es un botón secreto, un accesorio opcional ni un personaje secundario. Es el principal órgano relacionado con el placer femenino y cuenta con miles de terminaciones nerviosas.
Según la información compartida por DKT México y Condones Prudence, 96% de las mujeres identifica su estimulación —sola o acompañada de penetración— como la vía más confiable para alcanzar el orgasmo. Sin embargo, todavía recibe menos atención de la que merece en muchos encuentros sexuales.
3. Aprender a hablar sobre el placer
Expresar deseos, límites y preferencias continúa siendo complicado para muchas personas. A veces se espera que la pareja adivine qué funciona, como si el deseo viniera equipado con telepatía.
Pero preguntar, escuchar y orientar no arruina la espontaneidad. Al contrario: evita repetir durante años algo que nunca estuvo funcionando.
La comunicación abierta permite que el placer se construya entre ambos y no dependa de señales imposibles de descifrar.
4. Entender que el placer se comparte
Conocer el propio cuerpo es importante, pero eso no significa que toda la responsabilidad recaiga sobre las mujeres.
De acuerdo con Flores, las probabilidades de alcanzar el orgasmo aumentan cuando ellas perciben que su pareja también está comprometida con su placer.
No se trata de convertir el orgasmo en una obligación ni en una prueba de desempeño. Se trata de que ambas personas participen, escuchen y disfruten, sin que una de ellas se limite a esperar a que la otra termine.
5. Incluir el placer en la educación sexual
La educación sexual se ha concentrado tradicionalmente en prevenir embarazos e infecciones de transmisión sexual. Son asuntos fundamentales, pero no suficientes.
También hace falta hablar sobre consentimiento, comunicación, anatomía, autoconocimiento y placer. Saber cuidarse evita riesgos; conocer el propio cuerpo permite vivir la sexualidad de manera más libre, informada y satisfactoria.
Estos cinco retos apuntan hacia la misma conclusión: la brecha del orgasmo no se cerrará con más presión para “llegar”, sino con mejor información, menos prejuicios y parejas dispuestas a escuchar. Porque el orgasmo no debería convertirse en una tarea pendiente, pero tampoco seguir siendo un misterio hasta después de los 25 años.
Quizá el Día Internacional del Orgasmo Femenino no tendría que celebrarse como una carrera por llegar a la meta. Puede ser, más bien, una invitación a quitar presión, conocer el propio cuerpo y hablar con claridad.
Porque el orgasmo no tendría que llegar a determinada edad ni cumplir con una coreografía. Pero conocer el placer propio tampoco debería tomar media vida.
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