El bienestar no necesita una hora: a veces bastan dos minutos

Dos minutos. Eso puede tomar lavarnos la cara, aplicarnos una crema o ponernos aceite después del baño. Lo hacemos prácticamente todos los días y, sin embargo, probablemente muchas veces ni siquiera recordamos haberlo hecho.

Las manos cumplen la rutina mientras la cabeza ya está en otra parte: el mensaje que falta contestar, la junta de las nueve, el tráfico, los pendientes, la lista del supermercado o aquello que debimos resolver ayer.

Vivimos buena parte de nuestros días en piloto automático.

Además, existe esta paradoja: mientras más hablamos de bienestar, más larga parece hacerse la lista de cosas que supuestamente necesitamos hacer para alcanzarlo.

Dormir ocho horas, hacer ejercicio, meditar, comer mejor, caminar, respirar, tomar agua, desconectarnos del teléfono, llevar un diario, tener una rutina de skincare, agradecer, descansar.

Hasta cuidarnos corre el riesgo de convertirse en otro pendiente.

Para Paulina Garza, fundadora de Ram Ram, una marca mexicana de cuidado personal elaborada en pequeños lotes, la respuesta podría ser mucho más sencilla: no necesariamente necesitamos encontrar más tiempo para el bienestar; quizá podemos empezar por recuperar algunos minutos que ya existen.

“Muchas veces creemos que el bienestar requiere una hora de meditación o irnos un fin de semana a un retiro. Yo pienso que también se construye en los pequeños hábitos que repetimos todos los días. Ahí está la verdadera transformación”, explica.

Hacer sagrado lo cotidiano

La propuesta detrás de Ram Ram parte de una idea que puede sonar espiritual, pero que Paulina lleva a un terreno bastante práctico: hacer sagrados los pequeños momentos.

No significa organizar una ceremonia cada vez que nos lavamos la cara ni convertir el baño en un retiro de meditación. Se trata simplemente de prestar atención.

“Para mí, hacer sagrado un momento no significa que tenga que ser largo o complicado; significa estar realmente presente”, explica.

La diferencia puede estar en algo tan sencillo como dejar el teléfono durante unos minutos, respirar más despacio, sentir el agua, percibir un aroma o prestar atención al cuerpo.

El tiempo es exactamente el mismo. Lo que cambia es nuestra relación con él.

“Que esos dos o tres minutos sean una oportunidad para respirar profundo, sentir el aroma, agradecer a nuestro cuerpo y recordar que también merecemos cuidarnos”.

Es precisamente ahí donde la filosofía de Ram Ram encuentra sentido. La marca busca que actividades rutinarias como limpiar, hidratar o cuidar la piel puedan convertirse también en pequeñas pausas dentro del día.

¿Necesitamos hacer más para sentirnos mejor?

La idea resulta particularmente pertinente en un momento en el que el bienestar se ha convertido en una enorme industria y, al mismo tiempo, en una aspiración permanente.

Hay rutinas para empezar el día, rutinas para terminarlo, aplicaciones para meditar, dispositivos para medir el sueño y toda clase de recomendaciones para convertirnos en una versión más saludable, productiva y equilibrada de nosotros mismos.

Pero quizá no todo el bienestar necesita añadirse a la agenda.

“No siempre podemos controlar el ritmo de la vida, pero sí podemos elegir cómo vivimos ciertos momentos”, sostiene Garza.

Desde esa perspectiva, el autocuidado deja de medirse únicamente por cuánto tiempo podemos dedicarle y empieza a relacionarse con la calidad de nuestra atención.

Una ducha puede seguir siendo una ducha. lavarse el rostro seguirá siendo lavarse el rostro, pero durante unos minutos podemos dejar de estar mentalmente en el siguiente pendiente.

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Los aromas también forman parte de la experiencia

Esa búsqueda por involucrar los sentidos explica la importancia que Ram Ram concede a los aromas y a los aceites esenciales en sus productos.

Cada combinación, explica su fundadora, se desarrolla pensando tanto en el producto como en la experiencia que pretende acompañar: mezclas más frescas para comenzar el día o aromas asociados con momentos de calma para las rutinas nocturnas.

“Cada mezcla de aceites esenciales se crea pensando en la emoción que queremos despertar”, señala.

Aquí conviene hacer una distinción importante: disfrutar un aroma y asociarlo con una sensación de relajación, energía o bienestar forma parte de una experiencia sensorial personal; eso no significa que un cosmético deba considerarse un tratamiento para problemas emocionales o de salud.

La propia filosofía de la marca parece encontrar su mejor terreno precisamente ahí: en la experiencia y el ritual cotidiano.

Natural no significa automáticamente seguro

Hay otra idea de Paulina Garza que resulta especialmente relevante en una industria donde palabras como “natural”, “vegetal”, “artesanal” o “limpio” suelen utilizarse como sinónimos de saludable, pero no necesariamente lo son.

“Estoy de acuerdo en que natural no siempre significa seguro. Hay ingredientes naturales que pueden ser irritantes, alergénicos o inestables si no se utilizan correctamente”, reconoce.

Es una precisión importante viniendo de una marca que basa buena parte de su propuesta en ingredientes de origen vegetal.

Garza explica que la selección de materias primas considera no sólo su origen, sino la información disponible sobre seguridad, estabilidad y eficacia, además de las concentraciones en las que se incorporan.

Antes de lanzar un producto, señala, realizan pruebas de estabilidad, compatibilidad con el envase, evaluaciones microbiológicas cuando la fórmula lo requiere y pruebas de uso.

“Nuestro objetivo es encontrar el equilibrio entre lo natural, la seguridad y la efectividad”.

Y quizá esa sea una conversación que la industria cosmética necesita tener con mayor frecuencia: un ingrediente no es mejor únicamente porque venga de una planta ni peor automáticamente porque haya sido desarrollado en un laboratorio.

Lo artesanal también necesita procesos

Ram Ram produce en pequeños lotes, una característica que suele asociarse con lo artesanal y con una fabricación más cercana. Pero producir artesanalmente no significa improvisar.

Paulina explica que cada lote sigue procedimientos estandarizados y controles durante la fabricación para mantener la consistencia de los productos.

Al mismo tiempo, busca conservar el componente humano.

“Detrás de cada producto hay personas que preparan, revisan, envasan y empacan con atención al detalle. Creo que esa dedicación también se percibe cuando alguien usa un producto hecho con cuidado”.

La combinación es interesante porque plantea otro falso dilema frecuente: una empresa no necesariamente tiene que elegir entre conservar su carácter artesanal y profesionalizar sus procesos.

La sustentabilidad no cabe en un envase

Algo similar sucede con la sustentabilidad.

Cambiar plástico por vidrio, aluminio o papel puede ser una decisión visible, pero el impacto ambiental de un producto comienza mucho antes de que llegue al consumidor.

“Para nosotros la sustentabilidad no puede quedarse sólo en un envase bonito”, afirma Garza.

Ram Ram busca incorporar esa visión desde la selección de ingredientes y la fabricación en pequeños lotes hasta la reducción de desperdicios y la intención de producir cerca de los mercados donde comercializa sus productos para evitar transportes innecesarios.

Pero quizá lo más interesante sea que su fundadora evita hablar de perfección.

“Sabemos que ninguna empresa es perfecta y que siempre hay oportunidades para mejorar. La sustentabilidad es un camino de mejora continua, no una meta que se alcanza de una vez para siempre.”

La frase funciona para hablar de una empresa, pero también podría aplicarse al bienestar.

Porque quizá tampoco existe esa versión perfectamente equilibrada de nosotros mismos que duerme ocho horas, medita todas las mañanas, hace ejercicio, come impecablemente, jamás mira el teléfono antes de dormir y siempre tiene tiempo para cuidarse.

La vida real suele ser bastante más desordenada. Tal vez por eso resulta atractiva la idea que atraviesa la filosofía de Paulina Garza y Ram Ram: no siempre necesitamos agregar algo más.

A veces basta con recuperar lo que ya estaba ahí. Dos minutos para lavarnos la cara, dos minutos para sentir un aroma, dos minutos sin mirar una pantalla ni pensar en lo que viene después, dos minutos en los que no hacemos nada extraordinario , salvo estar realmente ahí.

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Eliesheva Ramos

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