Durante décadas, el liderazgo empresarial estuvo asociado con una imagen muy específica: autoridad, jerarquías rígidas, decisiones verticales y una idea casi incuestionable de que un buen jefe era aquel que mantenía el control absoluto de todo.
Actualmente esa visión empieza a estar en desuso.
Ahora cada vez más directivos hablan de cultura organizacional, propósito, inteligencia emocional o desarrollo de talento.
No es una cuestión de corrección política; es una respuesta a una realidad distinta: las empresas necesitan personas capaces de adaptarse, aprender y tomar decisiones en entornos mucho más complejos que hace veinte años.
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Para Carmen Espinosa Noreña, directora general de Grupo Alerta —empresa con más de 3,500 colaboradores— y presidenta del Consejo de Administración de AMEXGAS, el cambio no comienza en los procesos, sino en las personas.
“La cultura no cambia por un comunicado ni por una presentación; cambia cuando las personas viven todos los días aquello que la organización dice valorar”, afirma en entrevista para Nación Digital.
Su idea rompe con una de las creencias más arraigadas en muchas organizaciones: pensar que basta anunciar un cambio para que éste ocurra.
Para ella, la transformación sólo existe cuando los líderes son coherentes entre lo que dicen y lo que hacen.
Si una empresa habla de confianza, explica, debe escuchar; si habla de crecimiento, debe invertir en capacitación y si habla de propósito, debe ayudar a que cada colaborador encuentre el suyo.
“La empresa nunca crecerá más que las personas que la integran”.

El liderazgo no tiene género
Aunque ha sido reconocida como una de las mujeres más influyentes de los negocios en México, Carmen evita convertir el género en el centro de la conversación.
Su postura resulta interesante porque rompe con otro paradigma.
“No creo que exista un liderazgo femenino o masculino; creo en un liderazgo auténtico”.
Más que reivindicar un estilo asociado a las mujeres, propone redefinir qué entendemos por liderazgo.
Durante años, dice, confundimos autoridad con liderazgo. Ahora, asegura, los mejores resultados nacen de equipos comprometidos y no de equipos controlados.
Esa diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la manera de dirigir organizaciones.
El jefe que sabe todo está desapareciendo
Otro de los temas que atraviesa la entrevista es el impacto de la inteligencia artificial.
Mientras muchas conversaciones giran alrededor de qué empleos desaparecerán, Carmen plantea una idea distinta.
“La inteligencia artificial no sustituirá a los líderes; sustituirá a quienes sólo administran información”.
En otras palabras, si el valor de un directivo consiste únicamente en acumular datos o supervisar procesos, la tecnología terminará haciendo ese trabajo mejor.
Lo que difícilmente podrá reemplazar será la capacidad de inspirar personas, construir confianza o darle sentido a un proyecto colectivo.
Para ella, el liderazgo del futuro será mucho menos técnico y más humano.

El verdadero poder
Quizá la reflexión más interesante llega cuando habla del éxito.
No menciona los reconocimientos que ha recibido, ni el tamaño de la empresa que dirige, prefiere regresar a una idea que escuchó recientemente en un libro de física.
“La potencia es transferencia de energía”.
Y hace una analogía que resume toda su filosofía de liderazgo. Entre más conocimiento, experiencia y confianza sea capaz de transmitir un líder a quienes trabajan con él, mayor será la potencia de toda la organización.
No se trata de concentrar el poder, se trata de multiplicarlo.
Esa quizá sea una de las mayores diferencias entre el liderazgo que dominó el siglo XX y el que empieza a abrirse paso en el XXI: el éxito ya no se mide únicamente por el cargo que alguien ocupa, sino por la cantidad de líderes que ayudó a formar en el camino.
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