Durante años, dos platillos han resumido buena parte de la fama de Peltre: las conchas y los chilaquiles.
La combinación convirtió a esta lonchería contemporánea en uno de esos lugares donde el desayuno puede alargarse entre café, sobremesa y antojos.
Sin embargo, después de 12 años, el restaurante quiere demostrar que también sabe poner la mesa a la hora de la comida.
Con la apertura de su sucursal número 16, Peltre presentó una renovación de imagen y una nueva etapa para su menú.
La intención no es abandonar el espíritu con el que nació en la colonia Condesa, sino refrescarlo y ampliar la experiencia para recibir a quienes buscan desayunar, comer o incluso trabajar durante algunas horas.
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Un nuevo Peltre que conserva su esencia
El cambio se encuentra en los detalles. Las conocidas lámparas de peltre, que acompañaron al concepto durante más de una década, tienen ahora una forma distinta.
También se renovaron las mesas, el piso y otros elementos del interiorismo. Además, se incorporó un espacio de coworking con contactos eléctricos para quienes buscan sentarse a trabajar mientras toman café o comen algo.
“Queríamos que la gente siguiera sintiendo que venía al Peltre de toda la vida, pero que se diera cuenta de que había detallitos nuevos”, explicó el chef y restaurantero Daniel Ovadía durante la presentación.
Esta “shineadita”, como él mismo la llamó, marcará la imagen de las próximas aperturas. La firma ya prepara una sucursal en la Terminal 1 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y otra en Altavista.
Peltre abrió su primer establecimiento en la Condesa en 2014, inspirado en las antiguas loncherías mexicanas: lugares cercanos, cotidianos y sin pretensiones donde lo mismo se podía desayunar, comer una torta, tomar café o simplemente dejar pasar el tiempo.
Su nombre también remite a la memoria de las cocinas familiares. En México, hablar de peltre es pensar en las ollas, tazas y platos de acero esmaltado, muchas veces azules y salpicados de puntos blancos, que han acompañado a varias generaciones.
Ese carácter resistente, familiar y sencillo terminó por definir también la personalidad de la lonchería.

De los desayunos a la comida reconfortante
La renovación no se limita al espacio. Desde hace un par de años, el equipo trabaja para que Peltre deje de ser visto únicamente como un destino para desayunar.
“Yo siempre decía: ‘Peltre son las conchas y los chilaquiles’. Pero empezamos a meterle muy fuerte al tema de las comidas porque sentíamos que teníamos todo para hacer cosas muy ricas a esa hora”, contó Ovadía.
La propuesta se apoya en una idea sencilla: servir comida reconfortante, pensada para disfrutarse cualquier día y no solamente en una ocasión especial.
En el menú aparecen recetas mexicanas reconocibles, pero elaboradas con el sazón de la casa.
Una sopa de lentejas, por ejemplo, llega con plátano dorado, pan y chorizo producido en el Estado de México.
<Este último ingrediente surgió de la relación que Peltre estableció con productores de longaniza y chorizo durante el tiempo que tuvo presencia en Metepec.

También se creó un apartado de cazuelas con guisados como rajas poblanas con pollo, tortitas de carne en salsa verde y albóndigas de res bañadas en salsa de jitomate y chipotle, acompañadas con arroz a la mexicana.
En el extremo opuesto aparece el French dip: una baguette hecha en casa, rellena de prime rib y queso fundido, que se sirve con jugo de carne para remojar cada bocado.
Para cerrar, la propuesta incluye un flan de coco con cajeta y coco tostado.

El pan merece una mención aparte. Aunque no todos los comensales lo saben, desde hace 12 años Peltre elabora sus propias piezas, tanto dulces como saladas. Los postres también se preparan dentro de sus cocinas.

Dieciséis sucursales, pero ninguna franquicia
Aunque ya suma 16 establecimientos, Ovadía insiste en que Peltre no funciona como una franquicia ni busca adoptar la personalidad de una cadena.
Todas las sucursales son operadas directamente por el grupo y mantienen cocinas donde trabajan equipos de entre 12 y 15 personas.
“Seguimos haciendo todo al día. No hay nada masificado. Nuestra comida no sabe a comida de cadena; sabe a una comida de lonchería rica y reconfortante”, afirmó.
Incluso la comunicación evita reunir en un mismo sitio los nombres de todos los establecimientos. La intención es que cada uno sea percibido como la lonchería de su propio barrio: la de quienes viven o trabajan en la Condesa, la Roma, la Juárez o alguna de las zonas a las que ha llegado el concepto.
Daniel Ovadía, de la investigación culinaria a la cocina casual
Detrás de Peltre se encuentra Daniel Ovadía, chef y restaurantero originario de la Ciudad de México, cuya trayectoria ha transitado entre la investigación gastronómica, la alta cocina y los formatos casuales.
En Paxia, uno de sus proyectos más reconocidos, desarrolló menús con el apoyo de equipos multidisciplinarios en los que participaron académicos, cocineras tradicionales, productores, artesanos y artistas.
Fue también uno de los primeros cocineros de su generación en investigar las tradiciones culinarias de Tlaxcala y de zonas como Milpa Alta y Xochimilco.
Su trabajo incorporó ingredientes como maíces criollos, quelites, frijoles y plantas de la herbolaria tradicional mexicana. Parte de esa trayectoria quedó reunida en el libro La cocina de Daniel Ovadía, cuya preparación tomó tres años.
En 2016 recibió el Premio al Mérito Empresarial Restaurantero en la categoría Joven Empresario Restaurantero, otorgado por la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes y Alimentos Condimentados (Canirac).
Ahora, después de haber explorado la alta cocina con proyectos como Paxia y de cocinar con mayor libertad en Punta Corcho, Ovadía encuentra en Peltre una faceta más cotidiana: la de servir comida sencilla, bien hecha y capaz de acompañar cualquier día de la semana.
Porque quizá las conchas y los chilaquiles hicieron famoso al restaurante, pero la mesa ya está puesta para quedarse también a comer.
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