La movilidad eléctrica ya tomó las calles, ¿México está preparado?

Basta caminar unas cuadras por la Ciudad de México para comprobarlo.

Los scooters eléctricos se abren paso entre automóviles, peatones y bicicletas; los repartidores recorren colonias enteras sobre vehículos impulsados por baterías y cada vez es menos extraño encontrar un automóvil conectado a una estación de carga.

Son las señales más visibles de una transformación que ya comenzó.

La electromovilidad dejó de ser aquella idea futurista asociada exclusivamente con automóviles costosos: hoy también incluye bicicletas, transporte público, vehículos comerciales, unidades de reparto y todas esas alternativas que prometen desplazamientos más limpios y menores gastos de operación.

No todo vehículo electrificado es completamente eléctrico

Las cifras confirman que algo se está moviendo.

Entre enero y julio de 2026 se vendieron en México 112 mil 313 vehículos electrificados, equivalentes a 12.7% del mercado de vehículos ligeros, de acuerdo con datos del INEGI retomados por la Electro Movilidad Asociación.

Pero aquí conviene hacer una precisión: hablar de vehículos “electrificados” no significa que todos funcionen exclusivamente con electricidad. Esta categoría reúne distintas tecnologías.

De las unidades vendidas durante ese periodo, 77 mil 12 fueron híbridos convencionales, que combinan un motor de gasolina con uno eléctrico; 18 mil 696 fueron híbridos enchufables, cuya batería puede recargarse conectándola a la corriente y 16 mil 605 fueron vehículos totalmente eléctricos.

Los híbridos enchufables registraron el salto más llamativo: sus ventas crecieron 222.4% frente al mismo periodo de 2025.

Su atractivo puede estar en que ofrecen una especie de puente entre el presente y el futuro: permiten realizar algunos recorridos con electricidad, pero conservan un motor de combustión para los trayectos largos o para aquellos lugares donde todavía no es sencillo encontrar un punto de recarga.

La transición, por lo tanto, no está ocurriendo de golpe ni de una sola manera. Cada conductor elige según sus recorridos, presupuesto y posibilidades de carga.

La CDMX y el Estado de México llevan la delantera

La transformación se observa con especial claridad en la zona metropolitana. Casi dos de cada cinco vehículos electrificados que circulan en el país se encuentran en la Ciudad de México y el Estado de México.

Tan solo entre enero y julio de 2026, la capital registró la venta de 25 mil 922 unidades, mientras que el Estado de México sumó 15 mil 68. Después aparecen Nuevo León, Jalisco y Guanajuato.

La concentración tiene sentido: las grandes ciudades enfrentan problemas de contaminación, tránsito y largos tiempos de traslado, pero también cuentan con una mayor oferta de vehículos y más opciones para recargarlos.

En México existen 4 mil 655 conexiones públicas de carga y más de 56 mil privadas. Aunque la infraestructura ha crecido, todavía está lejos de encontrarse en todas partes. Para muchas personas, la posibilidad de comprar un vehículo eléctrico continúa dependiendo de tener un espacio propio donde conectarlo.

Por eso, el futuro de esta movilidad no se juega solamente en las agencias automotrices. También depende de estacionamientos, edificios, centros comerciales, carreteras, centros de trabajo y espacios públicos capaces de ofrecer puntos de recarga accesibles.

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De los scooters al transporte público

Uno de los cambios más importantes consiste en dejar de pensar que la electromovilidad es sinónimo de automóvil particular.

La electricidad también puede impulsar autobuses, unidades de carga, bicicletas, bicimotos, scooters y vehículos de última milla, es decir, aquellos que llevan mercancías desde un centro de distribución hasta la puerta del consumidor.

En una ciudad congestionada, un scooter o una bicicleta eléctrica pueden resolver recorridos cortos sin ocupar el espacio de un automóvil. Para repartidores y empresas, los vehículos eléctricos también pueden reducir gastos cotidianos.

De acuerdo con especialistas participantes en el conversatorio “Electromovilidad en México: Desafíos y Oportunidades para el Sector”, una unidad eléctrica puede generar ahorros operativos de alrededor de 70% frente a una convencional.

Sin embargo, su llegada también obliga a ordenar las calles.

¿Por dónde deben circular los scooters? ¿Cómo pueden convivir con peatones, ciclistas y automovilistas? ¿Qué condiciones de seguridad deben cumplir?

La tecnología avanzó con rapidez, pero las reglas, la infraestructura urbana y la cultura vial todavía tienen que alcanzarla.

La discusión tampoco debería reducirse a sustituir cada automóvil de gasolina por uno eléctrico.

Si las ciudades conservan los mismos embotellamientos y la misma dependencia del vehículo particular, cambiará la fuente de energía, pero no necesariamente mejorará la manera en que nos desplazamos.

La oportunidad está en combinar distintas alternativas y fortalecer el transporte público.

México compra más, pero produce menos

El panorama mexicano tiene otra cara. Mientras aumentan las ventas, la producción nacional de vehículos eléctricos disminuyó entre las principales armadoras consideradas en el reporte.

Toyota, General Motors y Ford ensamblaron 47 mil 411 unidades durante el primer semestre de 2026, frente a las 110 mil 2 producidas en el mismo periodo del año anterior.

México cuenta con una industria automotriz fuerte, pero todavía depende de otros países, principalmente asiáticos, para obtener componentes esenciales como baterías, semiconductores y sistemas electrónicos.

Dicho de manera sencilla: el país sabe ensamblar vehículos, pero buena parte de la tecnología de mayor valor todavía viene de fuera.

El desafío será aprovechar la transición para desarrollar más tecnología, preparar trabajadores especializados y evitar que México se limite a armar vehículos diseñados y equipados en otros lugares.

Es una discusión económica e industrial, pero sus efectos terminarán reflejándose en los empleos, los precios y la disponibilidad de estas alternativas.

Una transformación que apenas comienza

La electromovilidad no llegará en una sola fecha ni reemplazará de inmediato a los motores de gasolina. La transición será gradual y tendrá formas distintas: para algunos comenzará con un automóvil híbrido; para otros, con una bicicleta eléctrica, un scooter, un autobús o una unidad de reparto.

Lo cierto es que dejó de ser una conversación sobre un futuro distante. Ya está en las avenidas, las ciclovías, los estacionamientos y las puertas de nuestras casas.

Los scooters que hoy forman parte del paisaje de la Ciudad de México son apenas una pequeña muestra de lo que viene.

Ahora el reto no es preguntarnos si la movilidad eléctrica llegará, sino cómo vamos a incorporarla para que las ciudades sean más limpias, seguras y fáciles de recorrer. Porque la transformación ya comenzó y, todo indica, llegó para quedarse.

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Eliesheva Ramos

Eliesheva Ramos