Festival de Máscaras Danzantes en Orizaba: tradición que se talla y se baila

“Paso a paso hacemos vibrar la tierra con nuestra danza”, dice Jesús Delgado Navarro, Tastoán Mayor de Tonalá, Jalisco.

Para él, bailar es llevar el orgullo de su pueblo a otros escenarios y mantener viva una tradición que requiere compromiso dentro y fuera del escenario.

máscara mexicana tradición
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Una máscara puede parecer un rostro tallado, pero para quienes la hacen y la portan también cuenta una historia.

Lo sabe el maestro mascarero Ricardo Colina, integrante de una familia dedicada a la talla en madera desde hace cuatro generaciones.

“Cada máscara tiene una historia”, dijo durante la presentación de la sexta edición del Festival Nacional de Máscaras Danzantes.

Orizaba, el lugar ideal

Del 13 al 15 de noviembre, Orizaba será sede de este encuentro que reunirá a más de 1,500 danzantes, 300 músicos tradicionales y 80 maestros mascareros.

La sede principal será la Alameda Francisco Gabilondo Soler, en el centro histórico.

El programa incluirá más de 40 tradiciones de 17 estados y expresiones de otros países.

Habrá también pabellones de artesanías, gastronomía y máscaras, además de talleres para conocer de cerca el trabajo de sus creadores.

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Tradición que se aprende con el corazón

Las máscaras no aparecen de un día para otro. Detrás de cada una hay técnicas, tiempo y conocimientos que pasan de una persona a otra.

Colina contó que es la cuarta generación de su familia dedicada a la talla en madera y que ha compartido talleres con su esposa, Elsa. En Coscomatepec, explicó, a veces se forman filas de una hora para elaborar una máscara pequeña.

Su trabajo también ha viajado: habló de piezas que lo han acompañado a Perú, Ecuador y Valparaíso, Chile, y de la oportunidad de impartir cursos fuera de México.

Para él, compartir ese conocimiento forma parte del oficio. A los jóvenes que empiezan como mascareros les dejó un consejo: que no abandonen el sueño y trabajen con dedicación.

La fiesta necesita también a quienes se ponen la máscara y bailan. Jesús Delgado Navarro, Tatuán Mayor de Tonalá, Jalisco, habló de esa relación con orgullo.

“Paso a paso nosotros hacemos vibrar la tierra con nuestra danza”.

Para él, cada presentación es una forma de llevar el nombre de su pueblo y de recordar que las culturas indígenas siguen presentes.

En el festival, las danzas mostrarán distintas maneras de celebrar y contar la vida comunitaria.

Entre las tradiciones anunciadas están los Santiagos, los tecuanes, los tastoanes, los payasos, los chinelos y la tigrada, con agrupaciones de Veracruz, Puebla, Jalisco, Guerrero y el Estado de México, entre otros lugares.

Ninfa Salinas, vicepresidenta del comité ejecutivo de Grupo Salinas y presidenta de Fundación Azteca, recordó que detrás de cada máscara hay horas de trabajo, creatividad y una inversión que muchas familias hacen para mantener viva su tradición.

“Solemos pensar que una máscara sirve para esconderse, pero con los danzantes es exactamente al revés. La máscara revela”, dijo.

El respaldo de Banco Azteca forma parte de ese esfuerzo por dar espacio a los artesanos y danzantes y acercar sus expresiones a más personas.

Encuentro callejero

Además de las presentaciones en la Alameda, habrá calendas durante los tres días del festival, de 5 a 7 de la tarde, por un recorrido de dos kilómetros en las calles del centro histórico.

También se organizará un ciclo de conferencias en el Teatro Ignacio de la Llave.

Uno de los espacios será el Centro de Saberes, donde los portadores de las tradiciones podrán compartir su experiencia con el público.

La idea es que quienes asistan aprendan, entre otras cosas, a elaborar una máscara, trabajar el cartón o acercarse a la música tradicional.

Máscara que revela

El alcalde de Orizaba, Hugo Chaín Kuri, dijo que la ciudad quiere recibir el festival y que las comunidades participantes se sientan en casa.

También señaló que el encuentro puede ayudar a acercar estas expresiones a nuevas generaciones y a que las tradiciones encuentren más espacios para transmitirse.

Los organizadores esperan recibir a más de 300 mil visitantes.

Más allá de la cifra, la invitación es a mirar de cerca el trabajo de los artesanos y a escuchar a quienes hacen posible cada danza. Una máscara revela una identidad cuando alguien la talla, la hereda y, finalmente, la porta en las celebraciones.

Ninfa Salinas lo resumió con una idea que queda resonando: mantener viva la cultura de la máscara cuesta dinero, pero también exige orgullo y decisión.

No conformarnos significa cuidar nuestras tradiciones y reconocer en ellas una parte de lo que somos.

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