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La Grandeza de México siempre emerge

Opinión de Israel Díaz Arriaga

Si hay algo que deja al descubierto las catástrofes en nuestro país, como las inundaciones de este fin de semana en nuestro país, son los lados más crudos de la naturaleza humana; por un lado, se puede observar el cariz solidario de la gente que empática con la desgracia ajena envía víveres, ayuda al otro en la limpieza y reacomodo de los pocos bienes que pudieron quedar a salvo. Por otro lado, se revela la naturaleza de aquellos seres humanos que a pesar de estar padeciendo este tipo de desgracias, siguen cometiendo actos tan deleznables como saquear la mercancía de los establecimientos comerciales siniestrados por las inundaciones.

Las lluvias torrenciales han dejado en nuestro país tanto en la región del Golfo como de la Sierra un rastro de desolación y caos que revelan la débil infraestructura urbana, su mala planeación y diseño, pero también la falta de cultura de prevención y protección civil, al menos las pérdidas humanas lo dejan ver al descubierto. Lo anterior, debe de traer a cuenta el análisis de las políticas públicas en los rubros ya señalados para mejorarlas y evitar en la medida de lo posible tragedias futuras.

Las visitas de las autoridades públicas a los sitios siniestrados no se han hecho esperar, si bien tratan de paliar el descontento social, lo cierto es que no resuelven las grandes tragedias que las inundaciones han traído a las familias de los estados de Veracruz, Puebla, Querétaro, Hidalgo y San Luis Potosí. Gobiernos van y vienen con distintos colores partidistas y las tragedias son las mismas, con la misma indolencia de cada uno de nuestros gobernantes, lo que hace reflexionar en qué tanto exigimos como sociedad contar con una clase gobernante capaz de resolver este tipo de problemáticas y que tanto contamos con la preparación para ser una ciudadanía exigente para lograr ese tipo de gobernantes.

Con seguridad, se puede afirmar que varios de nosotros ya estamos pensando en el apartado que haremos dentro de nuestros gastos par poder enviar la poca o mucha ayuda en víveres que nuestras posibilidades económicas nos permitan, esperando que la ayude encuentre a los verdaderos y necesitados destinatarios para quien fueron adquiridos y no ser botín de un político o servidor público que lo utilice como moneda de cambio para adquirir reconocimiento dentro de esta catástrofe como lamentablemente ha sucedido en otras ocasiones.

En ese microcosmos que es el que vive cada persona que está padeciendo esta tragedia, se observa el estoicismo con el que las mexicanas y mexicanos de a pie viven día a día: el caminar cuesta arriba, el abrirse paso ante la diversidad, el enfrentarse a la vida que le pone gesto agrió con esta clase de avatares, parece ya un oficio adquirido a través de los años de bregar contracorriente. Nuestro reconocimiento para todas y todos ellos en estos momentos tan complejos, desde acá lo único que podemos reiterarles es que no están solos.

Las reconstrucciones serán necesarias en varios municipios y la exigencia que debemos de plantear a nuestros gobernantes es la de una planeación integral en la que se deba dejar de construir en las zonas consideradas de alto riesgo por la vulnerabilidad que su ubicación significa ante fenómenos naturales como los vividos este fin de semana. Dar el mantenimiento adecuado a las presas y sistemas de drenaje es una necesidad apremiante como se observa ante las trágicas consecuencias que las inundaciones han producido.

Otra exigencia ineludible, necesariamente debe de ser la transparencia para ejercer los recursos tanto públicos como privados que se emplearán para reconstruir lo que el agua ha derribado y que seguramente volverá a ser edificado por la grandeza de la gente que constituye el pueblo de México.

Este día, mi columna está dedicada a las hermanas y hermanos mexicanos que están padeciendo las consecuencias de las inundaciones de estos últimos días, que la solidaridad del maravilloso pueblo de México llegue a Ustedes, sepan que desde acá estamos con Ustedes. Que nuestra exigencia sea para pedir ciudades mejor planificadas ante las exigencias de las problemáticas que los fenómenos naturales y sociales plantean. Es momento de construir los cimientos de nuestras ciudades que se basen en una ciudadanía preparada para exigirle a los gobernantes soluciones, porque estos no podrán ser desbaratados por ninguna inundación futura.

Las opiniones expresadas son estrictamente personales y no representan necesariamente la postura editorial del medio de comunicación.

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