Opinión de Antonio Valerio Delgado
El cambio de tono en el discurso del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump que la semana anterior, pasó del simple llamado a la exigencia; y de la exigencia a la amenaza contra los países que brindan apoyo a la dictadura cubana, removió en los últimos días el mapa geopolítico diplomático en la región.
El ejecutivo estadounidense posiblemente esté harto de que sus peticiones y exhortos hayan sido tomados en México como “Llamados a misa”, por fin le exigió al gobierno de México no enviar más petróleo a Cuba, como él mismo lo reveló en una entrevista que le fue realizada en pleno vuelo del “Air Force One”.
Si había alguna duda, o alguien creyó la versión “oficial” del gobierno mexicano sobre la “Cordial” llamada telefónica del jueves pasado, el embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez, dijo que no solo fue eso, sino que Trump amenazó con imponer aranceles a los países que envíen petróleo a la isla del Caribe.
Fue por ello “Y no cordialidad”, que México tomó la decisión de suspender el envío del energético al régimen de Miguel Díaz Canel, que ya debe estar contacto las horas para dejar la isla y pedir refugio en algún país socialistas o comunista; a menos que le salga lo bolivariano y quiera correr con la misma suerte que su aliado Nicolás Maduro.
Es cosa de días, quizás semanas; en que el régimen castrista desarticulado políticamente habrá de caer, ya sin el apoyo México y Venezuela, y porque el pueblo asfixiado por la pobreza y la miseria, también ya está jugando su papel libertario y ha empezado a organizarse para en caso de ser necesario completar la obra que ya se ve venir desde la Casa Blanca.
A la par de todo ello, varias embajadas y consulados, lo mismo que las pocas empresas extranjeras instalados en la Habana, han estado actualizando sus planes de desalojo y revisando sus listados de nacionales residentes en Cuba ante la presión estadounidense y la incertidumbre geopolítica en el Caribe.
Están preparando escenarios y manteniendo a su personal, en estado de alerta, ante la posibilidad de que en el futuro inmediato sea preciso activar procedimientos de emergencia…. El reloj de la historia sigue su marcha.
En fecha reciente el INEGI dio a conocer la Encuesta de Seguridad Pública Urbana sobre una medición realizada en diciembre de 2025 y llama la atención que sean nuevamente dos alcaldías panistas las más seguras en la Ciudad de México y no alguna de Morena, a pesar de que cuentan con más recursos y apoyos del gobierno central.
Remate de cabeza en la CDMX…
La alcaldía Miguel Hidalgo, que encabeza Mauricio Tabe, registró una percepción de inseguridad del 35.7 por ciento de la población mayor de 18 años, lo que la coloca como la segunda más segura de la capital, solo superada por Benito Juárez, demarcación que lidera Luis Mendoza que en esa medición tiene el 14.8 por ciento.
Enseguida están Cuajimalpa con el 44.3 por ciento y Coyoacán 47.2 por ciento y en contraste, las alcaldías más inseguras de acuerdo con este reporte son Tláhuac con el 72.3 por ciento, Iztapalapa 71.9 por ciento y Azcapotzalco con el 68.5 por ciento.
En general, en promedio las alcaldías gobernadas por la oposición tienen mejor percepción sobre inseguridad con el 33.9 por ciento, mientras que en las morenistas están por el orden del 74 por ciento.
Lo que quiere decir que algo no anda bien con las alcaldías morenistas, y las conclusiones de primera mano sobre el trabajo fallido en materia de combate a la inseguridad son la falta de experiencia, y la carencia de un proyecto sólido de gobierno.
También el carácter soberbio de sus alcaldes y pretender que el “Iluso”, como falso ideario de la 4T, lo resuelva todo. Nada más ajeno a la realidad de la Ciudad de México.
Las opiniones expresadas son estrictamente personales y no representan necesariamente la postura editorial del medio de comunicación.



